viernes, 17 de abril de 2026

"Mañana tiroteo, no vengan"

Mientras el país se alarma por la pandemia de mensajes como este y los medios de comunicación denuncian que el Estado no hace nada y que los directivos de las escuelas tampoco, los jóvenes siguen actuando como le enseñamos: nada tiene consecuencias, nada está penado, la escuela y los docentes no sirven para nada y ellos pueden hacer lo que quieran sin tener que responder por eso.

Usted dirá… ¿quiénes le enseñamos eso? Le respuesta está en el espejo. En el suyo, en el mío, en el de todos. Porque si no va a la escuela no pasa nada; si no pone o saca la mesa, tampoco; si llega a cualquier hora, menos; si no quiere hacer tal cosa porque “le da paja”, lo “entendemos”. Si se lleva 10 materias el Régimen académico dice que su trayectoria escolar avanza igual, si no entrega los trabajos a tiempo el profesor tiene que darle otra fecha, otra explicación, otro ejercicio y hasta pedirle disculpas por pedirle que lo entregue.

Y como nadie se hace cargo de nada, los padres -indignadísimos- van a la escuela a exigir respuestas y soluciones y a tratar de inútiles a directivos, docentes y auxiliares. “En esta escuela fuman en el baño y uds no hacen nada”, se escuchó en alguna reunión escolar de parte de una madre exaltada que no tuvo en cuenta que enseñarle a sus hijos que no es bueno fumar y mucho menos en la escuela, es tarea de ellos. Y que la institución, a lo sumo -y solo si constata fehacientemente el hecho- puede hacer un acta y convocar a la familia para abordar juntos el tema.

A mi hija la bardearon por Instagram el domingo y la vinieron a buscar a la salida y la escuela no hizo nada”, dijo otra madre en cualquier escuela del conurbano. Y de nuevo, la responsabilidad de lo que hace su hija, con su teléfono personal, en su casa, acompañada por su familia, un día no escolar, también es culpa o responsabilidad de la escuela, que debe trabajar en la persuasión y/o prevención, sin herramientas. Pero así funciona el sistema. Todo es culpa del otro, los demás son unos inútiles, irresponsables, vagos, etc.


Los noticieros, mientras tanto, se preocupan y dicen que “el Estado deberá tomar medidas para evitar esta ola de amenazas”, sacan testimonios de personas que no tienen idea de cómo funcionan las escuelas -pero que contribuyen al circo- y de padres indignados porque tienen miedo porque sus hijos se comportan como se comportan. Porque por acción o por omisión, esas escrituras son responsabilidad absoluta de los jóvenes que construimos como sociedad.

Cuando entendamos que las familias y los pibes necesitan a la escuela y no al revés; cuando resignifiquemos su valía y su importancia como único medio para que los desfavorecidos puedan forjarse una vida digna; cuando no sea la escuela la que tiene que acarrear pibes para que las estadísticas cierren, cuando la escuela inclusiva incluya para enseñar y no para amontonar, cuando su objetivo verdadero sea achicar la brecha entre los de arriba y los de abajo, cuando decidamos de verdad indagar en las razones de estos comportamientos, solo entonces empezaremos a encontrar soluciones. Y así, sin darnos cuenta, le empezaremos a enseñar a los jóvenes a responsabilizarse por sus actos, justamente cuando nosotros le pongamos el pecho a las balas y empecemos a hacerlo con los nuestros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario