martes, 1 de septiembre de 2026

Laburás, te cansás... ¿qué ganás?

 -¿Que hacés Dany, como andás? Saludé desde la vereda de enfrente.

-Hola. Acá, llegando de laburar.

-Bueno, ¿mañana tranqui, no? Por el paro, digo…

-¡Qué paro ni paro, yo tengo que laburar! Su énfasis fue más resignación que convicción y aceleró el paso para llegar, por fin, a su casa.


54 años tiene. Había bajado del colectivo cabizbajo, con andar cansino. Eran las 20:42 y se había ido a las 6 de la mañana. Empezó a trabajar a los 14 porque antes tus viejos te decían “estudiás o trabajás, acá vagos no queremos”.  

Y esa es la historia que le está contando a su nieto: que desde hace 40 años, se va muy temprano y vuelve muy tarde, todos los días de su vida, de lunes a viernes. Hizo su casa, más o menos confortable, nunca compró un auto, nunca viajó y nunca pudo darse grandes gustos. Y ahora cuida lo que usa de luz y prende la estufa solo cuando hace mucho frío, si no, no llega a fin de mes.


La historia de Dany puede ser tranquilamente la de la mayoría de la clase trabajadora argentina de su generación. Esa misma generación que reniega de los jóvenes NI-NI, que ni estudian ni trabajan. Pero... ¿cómo convence a su nieto que hay que laburar, estudiar, esforzarse? ¿Le propone una vida como la de él? ¿Le propone vivir para laburar, poner el hombro hasta que ya no pueda sostenerse en pie a cambio de comer seguido, vestirse prolijo y... listo? ¿A esperar la jubilación y morir?


El gran mérito del capitalismo fue naturalizar la alienación, que los trabajadores acepten que su rol es poner el lomo para que los poderosos disfruten los beneficios. ¡Ahora los quiero ver! Ahora, cuando esta generación de jóvenes le ratifique que ni en pedo va a poner el hombro y laburar como esclavos. Ahora los quiero ver... ¿de quién van a vivir? Porque por más que yo insisto -igual que Dany-, a mis hijos no los puedo convencer de que está bueno ir a laburar 12 horas y esforzarse para tener una vida digna: “prefiero juntarme con amigos, tomar unos mates aunque sea, y disfrutar un poco”, me dicen.  Claro, yo no puedo mentirles diciendo que Dany fue/es feliz dedicando al trabajo más o menos el 70% de las horas que pasó despierto, a cambio de muy poco. Y tampoco puedo esconderles que hace casi nada era un joven con ilusiones y ahora es un señor casi mayor, abatido. Porque ese es otro tema: la vida pasa muy rápido para solo dedicarla a las obligaciones.



Algo tendrán que hacer los poderosos para que alguien acepte trabajar y poner el lomo. Hasta hace poco los laburantes hasta “creían” que podían tener un auto y mantenerlo: hoy lo venden para pagar la luz y el gas. Así, no hay esclavo que aguante.


viernes, 17 de abril de 2026

"Mañana tiroteo, no vengan"

Mientras el país se alarma por la pandemia de mensajes como este y los medios de comunicación denuncian que el Estado no hace nada y que los directivos de las escuelas tampoco, los jóvenes siguen actuando como le enseñamos: nada tiene consecuencias, nada está penado, la escuela y los docentes no sirven para nada y ellos pueden hacer lo que quieran sin tener que responder por eso.

Usted dirá… ¿quiénes le enseñamos eso? Le respuesta está en el espejo. En el suyo, en el mío, en el de todos. Porque si no va a la escuela no pasa nada; si no pone o saca la mesa, tampoco; si llega a cualquier hora, menos; si no quiere hacer tal cosa porque “le da paja”, lo “entendemos”. Si se lleva 10 materias el Régimen académico dice que su trayectoria escolar avanza igual, si no entrega los trabajos a tiempo el profesor tiene que darle otra fecha, otra explicación, otro ejercicio y hasta pedirle disculpas por pedirle que lo entregue.

Y como nadie se hace cargo de nada, los padres -indignadísimos- van a la escuela a exigir respuestas y soluciones y a tratar de inútiles a directivos, docentes y auxiliares. “En esta escuela fuman en el baño y uds no hacen nada”, se escuchó en alguna reunión escolar de parte de una madre exaltada que no tuvo en cuenta que enseñarle a sus hijos que no es bueno fumar y mucho menos en la escuela, es tarea de ellos. Y que la institución, a lo sumo -y solo si constata fehacientemente el hecho- puede hacer un acta y convocar a la familia para abordar juntos el tema.

A mi hija la bardearon por Instagram el domingo y la vinieron a buscar a la salida y la escuela no hizo nada”, dijo otra madre en cualquier escuela del conurbano. Y de nuevo, la responsabilidad de lo que hace su hija, con su teléfono personal, en su casa, acompañada por su familia, un día no escolar, también es culpa o responsabilidad de la escuela, que debe trabajar en la persuasión y/o prevención, sin herramientas. Pero así funciona el sistema. Todo es culpa del otro, los demás son unos inútiles, irresponsables, vagos, etc.


Los noticieros, mientras tanto, se preocupan y dicen que “el Estado deberá tomar medidas para evitar esta ola de amenazas”, sacan testimonios de personas que no tienen idea de cómo funcionan las escuelas -pero que contribuyen al circo- y de padres indignados porque tienen miedo porque sus hijos se comportan como se comportan. Porque por acción o por omisión, esas escrituras son responsabilidad absoluta de los jóvenes que construimos como sociedad.

Cuando entendamos que las familias y los pibes necesitan a la escuela y no al revés; cuando resignifiquemos su valía y su importancia como único medio para que los desfavorecidos puedan forjarse una vida digna; cuando no sea la escuela la que tiene que acarrear pibes para que las estadísticas cierren, cuando la escuela inclusiva incluya para enseñar y no para amontonar, cuando su objetivo verdadero sea achicar la brecha entre los de arriba y los de abajo, cuando decidamos de verdad indagar en las razones de estos comportamientos, solo entonces empezaremos a encontrar soluciones. Y así, sin darnos cuenta, le empezaremos a enseñar a los jóvenes a responsabilizarse por sus actos, justamente cuando nosotros le pongamos el pecho a las balas y empecemos a hacerlo con los nuestros.

jueves, 19 de octubre de 2023

¿Quién gana? Quienes lo deciden, probablemente no…

 


“Primera vuelta, la p… que te p…” es el jingle de cierre de campaña del candidato a presidente que supuestamente lidera las encuestas. Vale aclarar que este ejemplo es solo un exabrupto “light” de los muchos groseros y muy agresivos que ha tenido desde que se lo conoce públicamente. Este personaje -porque de eso se trata- no hace más que desnudar la violencia, intolerancia, ecpatía (está bien escrito), soberbia y prepotencia con que se maneja. ¿Con ese “aplomo y mesura” piensa conducir los destinos de la Nación? ¿No hacen falta equilibrio, tolerancia, diálogos y consensos para semejante tarea? Pareciera poco confiable y con un desconocimiento absoluto de liderazgo y trabajo en equipo, maltratando y degradando a todo aquél que piense diferente: sin heterogeneidad no hay posibilidades de encontrar caminos que contemplen los intereses y necesidades de la mayoría. Eso, sumado a que uno de sus principales propósitos es el exterminio del Estado -a la postre, el único ente que sostiene al pobre para que no desaparezca-, con la consecuente devastación de lo poco que queda de salud y educación pública, pinta un panorama, como mínimo, peligroso.


Otro candidato con aspiraciones concretas es el actual Ministro de Economía, que sigue intentando borrar las contradicciones y vaivenes partidarios que su prolífica vida política le hace acarrear. Mientras, está en medio de una gestión paupérrima que ha ido empeorando significativamente desde que asumió, pulverizando el poder adquisitivo y multiplicando el déficit fiscal, desparramando medidas populistas y llamando a un Gobierno de unidad nacional. Si de verdad quiere un Gobierno de unidad nacional, ¿no sería deseable que esa unidad incluya a los que -junto a él- forman parte de la actual administración, de manera de permitirle reencausar desde ahora un poco de todo lo que dice que va a corregir desde diciembre? Eso no pasa y como contrapartida, la situación actual parece cada vez más caótica.

La tercera candidata en discordia ni siquiera tiene el apoyo de su jefe político, dedicado más a coquetear con Milei que a apoyarla. Y su propuesta más fuerte es “terminar con el Kirchnerismo para siempre”. Parece que no hiciera falta mucho más para reconstruir el país desde las ruinas en que lo han dejado con gestiones de las que nadie se hace cargo pero que involucra a casi todos. Intenta mostrarse firme y con carácter pero balbucea ante un intercambio que la incomode o interpele un poco. También, al igual que el actual Ministro, pretende que olvidemos los innumerables vaivenes partidarios en los que ha incurrido a lo largo de su trayectoria política, lo que dificulta saber para dónde quiere ir, si es que lo sabe.

Ante este panorama, estamos a merced de una elección que, en el mejor de los casos, nos permite ilusionarnos apenas con que la cosa no empeore demasiado, aunque no tengamos muchos elementos ciertos para sostener esa esperanza. ¿Será que nuestros candidatos son el reflejo de nuestra sociedad? Como sea, es hora de elegir y hacernos cargo de nuestras decisiones, preparándonos para asumir los costos que –como siempre- inevitablemente tendremos.

martes, 27 de diciembre de 2022

Messi, campeón del mundo antes de ser campeón del mundo

 “Si bien todos queremos ganar la Copa, quiero decirte que más allá del resultado, hay algo que no te va a sacar nadie: atravesaste a cada uno de los argentinos. La periodista Sofía Martínez sorprendía al capitán instantes después haber conseguido el pasaje a la final del mundo, diciéndole lo que sus admiradores hubieran querido pero no tuvieron la posibilidad o simplemente no supieron cómo. Por si no había sido lo suficientemente elocuente, Martínez continuó: “No hay nene que no tenga tu remera, la original, la trucha, la inventada o la imaginaria. Marcaste la vida de todos". "Para mí es más grande que cualquier copa del mundo y eso no te lo va a sacar nadie”.

Es preciso aclarar que esta nota la escribe uno de los más atravesados de manera indeleble por su magia y magnetismo, con lo cual todo lo escrito estará ineludiblemente condicionado por eso. Además de embelesado admirador, me convertí en su furioso y rústico defensor -siempre al borde de la roja-  porque, aunque usted no lo recuerde, durante muchos años fue tan atacado, insultado y denigrado que había que intentar hacer justicia con ese muchacho que recorría miles de kilómetros solo para ponerse la celeste y blanca, jugar y volverse. Que relegaba sus horas de descanso, hacía más goles que cualquiera y sufría como nadie cada resultado adverso. Que no protestaba, no le echaba la culpa a nadie, seguía trabajando, buscando mejorar y darle al fútbol argentino aquello que todos anhelábamos. Cabe aclarar que aun se buscan de manera infructuosa los pergaminos, títulos y –sobre todo- las emociones generadas por aquellos acérrimos detractores que hacían campaña en su contra exigiéndole títulos y alegrías, quizás para sacudir sus pálidas existencias.

Se podría continuar la editorial tirando números y estadísticas que a Leonel lo colocan en la cima de la historia del fútbol mundial, con varios escalones por encima de quien pretenda disputarle el trono pero no, la intención es destacar la inmensidad del 10, más allá de sus records. No hay nene futbolero –ni adulto- que pueda evitar un desborde de emociones si lo ve de cerca. Ni hablar si consigue alguna palabra, una foto o su firma. Claramente su magia a la hora de acariciar la pelota es –valga la paradoja- el puntapié inicial para tamaña devoción pero, sin dudas, ésta se asienta también en muchos otros aspectos en los que el rosarino es referente indiscutido: sencillez, disciplina, educación, respeto, trabajo, compromiso, compañerismo y responsabilidad son algunas de sus características. Y quizás ése sea su mayor legado: que nuestros jóvenes tienen como ídolo a un tipo que es un ejemplo de laburo, de perseverancia, de esfuerzo, de humildad. Alguien que trata bien a los demás, que no le echa la culpa al otro, que no levanta la voz, que ama y respeta a su familia.

Parafraseando la publicidad de las coincidencias, para quienes se quedan con las emociones como sustento de los momentos significativos de la vida, tenemos todo lo que entregó y entrega, conmovió y conmueve Leonel. Para quienes necesitaban la copa para valorarlo o admitir su grandeza, también tienen ahora el vil metal, con goles en todas las instancias, con dos en la final, siendo figura en cada encuentro y rompiendo los records mundialistas que tuvo a su alcance.

Ojalá seamos muchos más los que miramos la vida en base a los caminos y los modos de transitarlos, por encima de los resultados muchas veces injustos, caprichosos y azarosos y que de ningún modo definen nuestra valía. “Ojalá te lo lleves en el corazón (el amor y agradecimiento de la gente) porque creo que es más importante que una Copa del Mundo y eso ya lo tenés, así que gracias Capitán", cerraba su monólogo la periodista Martínez. Ojalá Messi lo sienta en su corazón como lo sentimos todos nosotros. Bah, la mayoría… Y gracias por tanta emoción, eternas, doradas y mágicas gracias.



jueves, 14 de enero de 2021

Covid 19: ¿virus respiratorio o "encerratorio"?

Ella tuvo síntomas y automáticamente lo comunicó y se aisló en su casa con su padre. Mientras, empezaron a buscar protocolos oficiales sobre cómo manejarse y dónde acudir para hacer el test que confirme o desestime el diagnóstico más pensado y menos deseado. Tras búsquedas infructuosas, con mucha información oficial que desinforma, consiguieron hacer la prueba recién 8 días después, teniendo que esperar 72 horas para el resultado. Hoy, a diez días de aquel malestar que solo duró 3, le confirmaron el positivo y la conminaron a permanecer aislada 10 más, contando como primero cuando le hicieron el test, agregando al encierro más tiempo que las dos semanas establecidas por protocolo.

De esto se deduce que uno empieza a curarse cuando le notifican la enfermedad, no cuando la cursa, ya que si le hubieran hecho el test aquel primer día, hoy, al cumplirse la decena, ya estaría curada, según se desprende del mismísimo reporte oficial de epidemiología de La Matanza que textualmente reza que: “debe cumplir aislamiento obligatorio de 10 días contando la fecha de toma de muestra”, periodo luego del cual, le enviarán el alta sanitaria. Este criterio es tan insolvente como ridículo y hasta apela a incapacidades intelectuales preocupantes, ya que si las enfermedades solo realizan su proceso a partir del diagnóstico efectivo de autoridad competente, todos aquellos que tuvieron gripe en 2020 pero no fueron al médico, todavía están enfermos y se curarán recién al séptimo día de su confirmación; mientras tanto, estarán contagiando a todo mundo, irresponsablemente.


Claramente la ironía pretende reflejar la suma de incoherencias de las autoridades respecto a la evolución de una enfermedad de la que aún hoy, un año después, siguen sin ofrecer datos concretos y certeros acerca de su impacto real. Muchos dirán: “murieron 45 mil personas en Argentina por Covid, ese es un dato concreto”, pero... en esa estadística figuran dos positivos “confirmados” en la casa de la protagonista de esta historia pero al padre no lo hisoparon ni tuvo inconvenientes. Y en una familia tipo, el número se multiplica por 4 porque solo testean a un integrante por hogar y “solidarizan” el resultado. Esto echa un manto de duda no solo sobre las cifras sino también sobre la veracidad de todo lo circulante al respecto. Algo irrefutable, por ejemplo, son los 32 mil muertos en 2019 en nuestro país a causa de la gripe, porque este número no contiene positivos “solidarios”, convivientes o "convenientes". Sin embargo, esa cifra no alarmó a los gobernantes, ni a los medios de comunicación, ni a usted ni a mí.

Otro aspecto preocupante de este entuerto es la falta de información fehaciente sobre lugares donde hisoparse, lo que, en teoría, echaría luz al estado de salud real de todos y todas. Y cuesta mucho atribuir esto a descuidos o ineptitud, más bien parece desidia, en un mundo atravesado por vías de comunicación tan eficaces como inmediatas. Solo citando dos ejemplos constatados, ni el hospital Germani, ni el Balestrini testean, a pesar de figurar en páginas oficiales. Y a los móviles del Plan Detectar cuesta localizarlos ya que –al menos en La Matanza- no hay un mapa y/o cronograma oficial de su funcionamiento y cuando por fin nuestra víctima –y no del Covid- encontró uno, no hacían el test ese día “por la lluvia”, aunque había llovido, pero a la madrugada.

Para completar el combo de informaciones confusas que harían dudar hasta al más acérrimo apoyador de gobiernos de turno, el “Plan Buenos Aires vacunate”, destinado en principio a grupos de riesgo y que en su página oficial figura como optativo, exige registrarse para quedar a la espera de la convocatoria. En ese registro “voluntario” pregunta si uno tiene decidido vacunarse y ofrece 3 opciones: “sí”, “no” y “aún no lo decidí”; sin embargo, la única respuesta admitida para completar el formulario es “sí”, los otros dos botones no remiten a ningún registro y sencillamente ignoran el clickeo. ¿Coincidencia? ¿Mal funcionamiento de la página? Lo cierto es que si, para registrarte solo podés responder “sí, me voy a vacunar”, lo del registro optativo pudiendo decidir después no estaría siendo tan veraz.

Por otra parte, si bien el sector de epidemiología de La Matanza ofrece un seguimiento telefónico y vía mail que atiende pacientes a la hora de acompañar la evolución de la enfermedad, evidentemente son muchas las incógnitas y pocas las certezas en torno a los procesos a seguir. E incomprensiblemente también, en www.argentina.gob.ar hay info sobre las restricciones pero no tanto sobre qué hacer si uno tiene síntomas, al tiempo que en “preguntas frecuentes”, solo hay datos sobre la vacunación y los “teléfonos útiles” solo dan respuestas automatizadas que remiten a aislarse e ir en procura de un hisopado muy difícil de encontrar.

Las certezas ofrecen tranquilidad, permiten trazar un norte, proyectar una forma de vida. Sin embargo, ante tamaña confusión generada por quienes debieran aportar claridad, el encierro muchas veces parece ser el objetivo y no la consecuencia de la pandemia. Ya lo sentenció George Orwell en su célebre 1984: "La mentira elegida pasaría a los registros permanentes y se convertiría en la verdad".

sábado, 9 de enero de 2021

Doble moral: la argentinidad al palo

 

“Quedate en casa”, repitió Alberto hasta el hartazgo –incluso enojado- y, además de fotografiarse en comidas y reuniones sin barbijo, organizó un funeral tan demagógico como innecesario y peligroso, para un millón de personas. “Son unos descerebrados/as” decían muchos/as sobre quienes asistieron a la despedida del astro, sin embargo después aparecieron en las multitudinarias vigilias y marchas pro aborto. Macri se preocupa ahora por la pobreza pero no formaba parte de su vocabulario cuando en su gestión superó la friolera cifra del 40%. El precio del dólar y la inflación eran fundamentales y publicación cotidiana para muchos/as hace un puñado de meses y ahora desaparecieron de las redes (y aparecieron los de enfrente, con esos temas que antes omitían). La justicia está comprada si procesa a tal o cual pero fulano/a es considerado/a inocente si es sobreseído por esa misma justicia. “Será el cristal con que se mira, que ve distinto lo que es igual” dice una canción que pretende denunciar este doble discurso pero su autor en sus presentaciones no siempre canta algunos párrafos de protesta cuando quien gobierna es de su color político.


En tiempos de nuevas restricciones nocturnas a la circulación, pocos se detienen a pensar que el colectivo resulta de la suma de las partes, lo que en general –verdad de perogrullo- incluye a las partes. Claro que esto exige revisión de conductas, acciones y omisiones, tanto propias como de terceros, tarea que no siempre es fácil de concretar.

“El rebrote es culpa de la juventud”, declaran adultos que olvidan quiénes enseñaron a esas juventudes a ser como son. “La vacuna no me la pongo ni loco porque no es segura”, declaman quienes nunca supieron cuánto de seguridad tenían todas las que se pusieron en sus vidas. La lista de ejemplos de este estilo podría llenar las páginas de un libro pero no es la idea, la intención es invitar a la reflexión interna y entender que, por más que resulte sencillo y práctico, nunca es solución echarle la culpa a los demás: no esperes resultados distintos si seguís actuando igual.

Lo que está mal está mal, lo haga quien lo haga. La justicia es justa o es corrupta pero eso no depende de a quién condene o a quién libera. Los jóvenes no son lo que son –para bien y para mal- porque un repollo los educó así: fue esta sociedad, estos gobiernos, estas escuelas, estos padres, instancias en las que todos y todas, por acción o por omisión, somos protagonistas.

Usted podrá decirme: yo desde mi lugar no puedo modificar nada y hasta quizás tenga razón pero, por ejemplo, si cada docente se ocupara de que nuestros jóvenes aprendan en lugar de quejarse del sistema -y escudarse en él-, lo más probable es que tengamos más estudiantes mejor preparados/as que los/as que tenemos. Si quienes denuncian la pobreza –porque les preocupa genuinamente-, lo hicieran siempre y no dependiendo del color del gobierno de turno, lo más probable es que haya más y mejores programas para combatirla. Si todos/as convirtiéramos en actos nuestros dichos, la coherencia se impondría por goleada a la hipocresía y de ese modo es bastante más probable que uno se cuide si quien me lo recomienda me demuestra que lo hace y no a la inversa. Si quienes defienden la vida, además de enarbolar la bandera mediática del aborto, lucharan con el mismo ahínco por los/as abuelos/as que se mueren esperando que el sistema de salud los atienda –que son muchos más que quienes fallecen por abortos clandestinos-, la defensa por la vida empezará a estar respaldada con hechos. Cuando empecemos a revisarnos, seguramente estaremos empezando a cambiar algo. Mientras tanto, estaremos dándole la razón a Bertrand Russell cuando afirma que “la humanidad tiene una moral doble: una que predica y no practica, y otra que practica y no predica”.

domingo, 10 de mayo de 2020

El deterioro emocional, grave daño colateral de la cuarentena


Angel visita a su mamá todos los días. Ella tiene 75 años, vive sola y es autosuficiente pero él aparece cada tarde, la saluda de lejos, se prepara el mate y se sienta en la otra punta de la mesa para conversar con ella por espacio de una hora. Rompe la ley porque no debiera visitarla ya que ella se arregla sola y ante la requisitoria al respecto, responde: ¿qué querés, que se muera? Si no tiene con quien charlar y ni siquiera puede hablar con los vecinos, se me muere en una semana, justifica. Gabriel no ve a su hija de 3 años hace más de 50 días porque al estar separado de la madre, ella se escuda en el temor y en la prohibición de salir para que él no la visite, limitándolo a videollamadas en las que lucha para evitar que el dolor por no poder hacerle una caricia a su hija lo desborde. Raúl y Susana esperaron muchos años para ser abuelos hasta que por fin su hijo, a sus casi 40, se dignó a tener descendencia. Ese pequeño era casi el único motivo de felicidad en el complejo declive que implica ser viejo en tiempos de capitalismo salvaje pero se lo arrebataron ya que la ley les impide ir a visitarlo o recibirlo en su vivienda y sienten que están muriendo de tristeza mientras… ¡están muriendo de tristeza! Las personas que se aman pero no conviven (que son muchísimas, al igual que las que sí conviven pero no se aman) no pueden verse porque “no es esencial” y la norma castiga a quienes se desplacen para abrazarse con ese ser tan especial, con el consiguiente impacto emocional, tan profundo como  desatendido.
Gabriel, Raúl, Susana y cada uno/a de quienes se encuentran en situaciones similares alimentaban su esperanza y soportaban su prisión domiciliaria pensando que el 13 de abril (luego de la única extensión del aislamiento sanitariamente justificada) se terminaba todo. Después, se propusieron aguantar hasta el 27, luego hasta el 10 de mayo y ahora sospechan que ya nada tiene sentido. A Ángel  no le pasa eso pero debe lidiar con su conciencia porque se sabe en falta aunque eso sirva para que “la vieja” esté bien. ¿Realmente alguien puede pensar que si alguno de los personajes mencionados no se cuidara tomando todos los recaudos recomendados por los expertos iría a ver a esa persona tan querida, exponiéndola al virus? ¿De verdad alguien con sentido común no ve que hay más riesgo de contraer y propagar el Covid-19 yendo al súper que visitando a alguien en su casa? ¿En serio los sentimientos no importan y se puede aceptar una rigidez legal más simbólica que concreta y que ocasiona mucho más daño que el que en teoría intenta combatir?
Usted me dirá que con la cuarentena se salvaron miles de vidas y se aplanó la curva de contagio y es cierto pero con una salvedad: no se evitó ningún mal aún, simplemente se pateó el problema para adelante porque sin la concientización necesaria, cuando se termine el encierro –que indefectiblemente ocurrirá algún día- los contagios van a proliferar y, tristemente, un porcentaje de los infectados va a morir. También usted me podrá decir que se ganó tiempo para fortalecer la estructura sanitaria, de modo que permita afrontar mejor el famoso pico de contagio y también es cierto pero es preciso aclarar que ese fortalecimiento ocurrió en los primeros 20 días y luego de ello la cuarentena se volvió esclava de su propia efectividad y ahora deshacerla, aterra.
Se esperaba la explosión de contagios para mayo y luego esa previsión se desplazó para junio en virtud del “éxito” del plan de prevención. Ese triunfo no es tal porque la curva se desplazó hacia adelante simplemente porque la gente sigue encerrada, lo que equivale a decir que para evitar que te suicides te impiden el acceso a cualquier tipo de arma cuando lo que debieran hacer es convencerte de cuidarte, de valorarte y de preservar tu vida. Y si eso no ocurre, cuando puedas manotear una navaja te vas a cortar las venas y que eso no pase mientras tienen tus manos atadas no significa éxito sino solo posponer el trágico desenlace, a la fuerza.
Algún analista de “la oposición” dijo que encerrar a la gente para que no se contagie era como evacuar a una ciudad ante un incendio y condenarla a la precariedad permanente en lugar de combatir las llamas. Otros “opositores” sostienen que con una población mundial de más de 7 mil millones de personas, 4 millones de contagiados (menos del 0,06%) y 275 mil muertos (menos del 0,004%) no justifican medidas tan desproporcionadas. Algunos "malintencionados" también recuerdan que el año pasado en nuestro país murieron 33.000 personas por gripe y neumonía pero nadie se asustó porque los medios no te contaban los muertos todos los días, todo el día.
Un informe de 2015 de Perspectives on Psychological Science -citado adrede por no estar contaminado de intereses pro o anti cuarentena- dice que la sensación de soledad y el aislamiento social son factores de riesgo  tan poderosos para la mortalidad como la hipertensión, el cigarrillo o el colesterol alto y su investigación arrojó que el aislamiento, la soledad y el vivir solo incrementan la posibilidad de morir en un 29%, 26% y 32%, respectivamente. El Departamento de psiquiatría de la Fundación INECO, por su parte, afirma que facilitar la comunicación con los seres queridos puede tener un impacto poderoso en la salud emocional de las personas en cuarentena. Al mismo tiempo los expertos dicen que cuanto más estricto y duradero sea el aislamiento, más graves y permanentes son las consecuencias psicológicas, la angustia, la depresión y la inmunodepresión.
Está claro que la cuarentena era necesaria y que su oportuna aplicación trajo enormes beneficios y salvó vidas. Es sabido también que la normalidad como la conocíamos ya no tendrá lugar en nuestra cotidianeidad por muchos meses. Al mismo tiempo, es igual de evidente que no se puede salir livianamente del aislamiento sin entender que muchas actividades estarán vedadas por un periodo impreciso de tiempo y que el contacto social debe estar limitado al mínimo imprescindible. Habrá que evitar aglomeraciones, reducir el uso del transporte público, respetar las distancias, acostumbrarse al barbijo y seguir estrictamente el protocolo correspondiente en cada una de las actividades que se realicen de acá en más. Todas estas medidas ayudarán a preservar la salud de todos y todas pero no son menos importantes que el aspecto emocional,  el cuidado de los afectos y el fortalecimiento anímico tan necesario para hacer frente a un hecho que sin dudas está convirtiéndose en una bisagra en la historia de la humanidad. Es imprescindible atender estas cuestiones de manera urgente porque la angustia y la incertidumbre son tan silenciosas como dañinas y están ahí, agazapadas, compitiendo con el coronavirus para ver quién hace más daño.