viernes, 17 de abril de 2026

"Mañana tiroteo, no vengan"

Mientras el país se alarma por la pandemia de mensajes como este y los medios de comunicación denuncian que el Estado no hace nada y que los directivos de las escuelas tampoco, los jóvenes siguen actuando como le enseñamos: nada tiene consecuencias, nada está penado, la escuela y los docentes no sirven para nada y ellos pueden hacer lo que quieran sin tener que responder por eso.

Usted dirá… ¿quiénes le enseñamos eso? Le respuesta está en el espejo. En el suyo, en el mío, en el de todos. Porque si no va a la escuela no pasa nada; si no pone o saca la mesa, tampoco; si llega a cualquier hora, menos; si no quiere hacer tal cosa porque “le da paja”, lo “entendemos”. Si se lleva 10 materias el Régimen académico dice que su trayectoria escolar avanza igual, si no entrega los trabajos a tiempo el profesor tiene que darle otra fecha, otra explicación, otro ejercicio y hasta pedirle disculpas por pedirle que lo entregue.

Y como nadie se hace cargo de nada, los padres -indignadísimos- van a la escuela a exigir respuestas y soluciones y a tratar de inútiles a directivos, docentes y auxiliares. “En esta escuela fuman en el baño y uds no hacen nada”, se escuchó en alguna reunión escolar de parte de una madre exaltada que no tuvo en cuenta que enseñarle a sus hijos que no es bueno fumar y mucho menos en la escuela, es tarea de ellos. Y que la institución, a lo sumo -y solo si constata fehacientemente el hecho- puede hacer un acta y convocar a la familia para abordar juntos el tema.

A mi hija la bardearon por Instagram el domingo y la vinieron a buscar a la salida y la escuela no hizo nada”, dijo otra madre en cualquier escuela del conurbano. Y de nuevo, la responsabilidad de lo que hace su hija, con su teléfono personal, en su casa, acompañada por su familia, un día no escolar, también es culpa o responsabilidad de la escuela, que debe trabajar en la persuasión y/o prevención, sin herramientas. Pero así funciona el sistema. Todo es culpa del otro, los demás son unos inútiles, irresponsables, vagos, etc.


Los noticieros, mientras tanto, se preocupan y dicen que “el Estado deberá tomar medidas para evitar esta ola de amenazas”, sacan testimonios de personas que no tienen idea de cómo funcionan las escuelas -pero que contribuyen al circo- y de padres indignados porque tienen miedo porque sus hijos se comportan como se comportan. Porque por acción o por omisión, esas escrituras son responsabilidad absoluta de los jóvenes que construimos como sociedad.

Cuando entendamos que las familias y los pibes necesitan a la escuela y no al revés; cuando resignifiquemos su valía y su importancia como único medio para que los desfavorecidos puedan forjarse una vida digna; cuando no sea la escuela la que tiene que acarrear pibes para que las estadísticas cierren, cuando la escuela inclusiva incluya para enseñar y no para amontonar, cuando su objetivo verdadero sea achicar la brecha entre los de arriba y los de abajo, cuando decidamos de verdad indagar en las razones de estos comportamientos, solo entonces empezaremos a encontrar soluciones. Y así, sin darnos cuenta, le empezaremos a enseñar a los jóvenes a responsabilizarse por sus actos, justamente cuando nosotros le pongamos el pecho a las balas y empecemos a hacerlo con los nuestros.

jueves, 19 de octubre de 2023

¿Quién gana? Quienes lo deciden, probablemente no…

 


“Primera vuelta, la p… que te p…” es el jingle de cierre de campaña del candidato a presidente que supuestamente lidera las encuestas. Vale aclarar que este ejemplo es solo un exabrupto “light” de los muchos groseros y muy agresivos que ha tenido desde que se lo conoce públicamente. Este personaje -porque de eso se trata- no hace más que desnudar la violencia, intolerancia, ecpatía (está bien escrito), soberbia y prepotencia con que se maneja. ¿Con ese “aplomo y mesura” piensa conducir los destinos de la Nación? ¿No hacen falta equilibrio, tolerancia, diálogos y consensos para semejante tarea? Pareciera poco confiable y con un desconocimiento absoluto de liderazgo y trabajo en equipo, maltratando y degradando a todo aquél que piense diferente: sin heterogeneidad no hay posibilidades de encontrar caminos que contemplen los intereses y necesidades de la mayoría. Eso, sumado a que uno de sus principales propósitos es el exterminio del Estado -a la postre, el único ente que sostiene al pobre para que no desaparezca-, con la consecuente devastación de lo poco que queda de salud y educación pública, pinta un panorama, como mínimo, peligroso.


Otro candidato con aspiraciones concretas es el actual Ministro de Economía, que sigue intentando borrar las contradicciones y vaivenes partidarios que su prolífica vida política le hace acarrear. Mientras, está en medio de una gestión paupérrima que ha ido empeorando significativamente desde que asumió, pulverizando el poder adquisitivo y multiplicando el déficit fiscal, desparramando medidas populistas y llamando a un Gobierno de unidad nacional. Si de verdad quiere un Gobierno de unidad nacional, ¿no sería deseable que esa unidad incluya a los que -junto a él- forman parte de la actual administración, de manera de permitirle reencausar desde ahora un poco de todo lo que dice que va a corregir desde diciembre? Eso no pasa y como contrapartida, la situación actual parece cada vez más caótica.

La tercera candidata en discordia ni siquiera tiene el apoyo de su jefe político, dedicado más a coquetear con Milei que a apoyarla. Y su propuesta más fuerte es “terminar con el Kirchnerismo para siempre”. Parece que no hiciera falta mucho más para reconstruir el país desde las ruinas en que lo han dejado con gestiones de las que nadie se hace cargo pero que involucra a casi todos. Intenta mostrarse firme y con carácter pero balbucea ante un intercambio que la incomode o interpele un poco. También, al igual que el actual Ministro, pretende que olvidemos los innumerables vaivenes partidarios en los que ha incurrido a lo largo de su trayectoria política, lo que dificulta saber para dónde quiere ir, si es que lo sabe.

Ante este panorama, estamos a merced de una elección que, en el mejor de los casos, nos permite ilusionarnos apenas con que la cosa no empeore demasiado, aunque no tengamos muchos elementos ciertos para sostener esa esperanza. ¿Será que nuestros candidatos son el reflejo de nuestra sociedad? Como sea, es hora de elegir y hacernos cargo de nuestras decisiones, preparándonos para asumir los costos que –como siempre- inevitablemente tendremos.

martes, 27 de diciembre de 2022

Messi, campeón del mundo antes de ser campeón del mundo

 “Si bien todos queremos ganar la Copa, quiero decirte que más allá del resultado, hay algo que no te va a sacar nadie: atravesaste a cada uno de los argentinos. La periodista Sofía Martínez sorprendía al capitán instantes después haber conseguido el pasaje a la final del mundo, diciéndole lo que sus admiradores hubieran querido pero no tuvieron la posibilidad o simplemente no supieron cómo. Por si no había sido lo suficientemente elocuente, Martínez continuó: “No hay nene que no tenga tu remera, la original, la trucha, la inventada o la imaginaria. Marcaste la vida de todos". "Para mí es más grande que cualquier copa del mundo y eso no te lo va a sacar nadie”.

Es preciso aclarar que esta nota la escribe uno de los más atravesados de manera indeleble por su magia y magnetismo, con lo cual todo lo escrito estará ineludiblemente condicionado por eso. Además de embelesado admirador, me convertí en su furioso y rústico defensor -siempre al borde de la roja-  porque, aunque usted no lo recuerde, durante muchos años fue tan atacado, insultado y denigrado que había que intentar hacer justicia con ese muchacho que recorría miles de kilómetros solo para ponerse la celeste y blanca, jugar y volverse. Que relegaba sus horas de descanso, hacía más goles que cualquiera y sufría como nadie cada resultado adverso. Que no protestaba, no le echaba la culpa a nadie, seguía trabajando, buscando mejorar y darle al fútbol argentino aquello que todos anhelábamos. Cabe aclarar que aun se buscan de manera infructuosa los pergaminos, títulos y –sobre todo- las emociones generadas por aquellos acérrimos detractores que hacían campaña en su contra exigiéndole títulos y alegrías, quizás para sacudir sus pálidas existencias.

Se podría continuar la editorial tirando números y estadísticas que a Leonel lo colocan en la cima de la historia del fútbol mundial, con varios escalones por encima de quien pretenda disputarle el trono pero no, la intención es destacar la inmensidad del 10, más allá de sus records. No hay nene futbolero –ni adulto- que pueda evitar un desborde de emociones si lo ve de cerca. Ni hablar si consigue alguna palabra, una foto o su firma. Claramente su magia a la hora de acariciar la pelota es –valga la paradoja- el puntapié inicial para tamaña devoción pero, sin dudas, ésta se asienta también en muchos otros aspectos en los que el rosarino es referente indiscutido: sencillez, disciplina, educación, respeto, trabajo, compromiso, compañerismo y responsabilidad son algunas de sus características. Y quizás ése sea su mayor legado: que nuestros jóvenes tienen como ídolo a un tipo que es un ejemplo de laburo, de perseverancia, de esfuerzo, de humildad. Alguien que trata bien a los demás, que no le echa la culpa al otro, que no levanta la voz, que ama y respeta a su familia.

Parafraseando la publicidad de las coincidencias, para quienes se quedan con las emociones como sustento de los momentos significativos de la vida, tenemos todo lo que entregó y entrega, conmovió y conmueve Leonel. Para quienes necesitaban la copa para valorarlo o admitir su grandeza, también tienen ahora el vil metal, con goles en todas las instancias, con dos en la final, siendo figura en cada encuentro y rompiendo los records mundialistas que tuvo a su alcance.

Ojalá seamos muchos más los que miramos la vida en base a los caminos y los modos de transitarlos, por encima de los resultados muchas veces injustos, caprichosos y azarosos y que de ningún modo definen nuestra valía. “Ojalá te lo lleves en el corazón (el amor y agradecimiento de la gente) porque creo que es más importante que una Copa del Mundo y eso ya lo tenés, así que gracias Capitán", cerraba su monólogo la periodista Martínez. Ojalá Messi lo sienta en su corazón como lo sentimos todos nosotros. Bah, la mayoría… Y gracias por tanta emoción, eternas, doradas y mágicas gracias.



jueves, 14 de enero de 2021

Covid 19: ¿virus respiratorio o "encerratorio"?

Ella tuvo síntomas y automáticamente lo comunicó y se aisló en su casa con su padre. Mientras, empezaron a buscar protocolos oficiales sobre cómo manejarse y dónde acudir para hacer el test que confirme o desestime el diagnóstico más pensado y menos deseado. Tras búsquedas infructuosas, con mucha información oficial que desinforma, consiguieron hacer la prueba recién 8 días después, teniendo que esperar 72 horas para el resultado. Hoy, a diez días de aquel malestar que solo duró 3, le confirmaron el positivo y la conminaron a permanecer aislada 10 más, contando como primero cuando le hicieron el test, agregando al encierro más tiempo que las dos semanas establecidas por protocolo.

De esto se deduce que uno empieza a curarse cuando le notifican la enfermedad, no cuando la cursa, ya que si le hubieran hecho el test aquel primer día, hoy, al cumplirse la decena, ya estaría curada, según se desprende del mismísimo reporte oficial de epidemiología de La Matanza que textualmente reza que: “debe cumplir aislamiento obligatorio de 10 días contando la fecha de toma de muestra”, periodo luego del cual, le enviarán el alta sanitaria. Este criterio es tan insolvente como ridículo y hasta apela a incapacidades intelectuales preocupantes, ya que si las enfermedades solo realizan su proceso a partir del diagnóstico efectivo de autoridad competente, todos aquellos que tuvieron gripe en 2020 pero no fueron al médico, todavía están enfermos y se curarán recién al séptimo día de su confirmación; mientras tanto, estarán contagiando a todo mundo, irresponsablemente.


Claramente la ironía pretende reflejar la suma de incoherencias de las autoridades respecto a la evolución de una enfermedad de la que aún hoy, un año después, siguen sin ofrecer datos concretos y certeros acerca de su impacto real. Muchos dirán: “murieron 45 mil personas en Argentina por Covid, ese es un dato concreto”, pero... en esa estadística figuran dos positivos “confirmados” en la casa de la protagonista de esta historia pero al padre no lo hisoparon ni tuvo inconvenientes. Y en una familia tipo, el número se multiplica por 4 porque solo testean a un integrante por hogar y “solidarizan” el resultado. Esto echa un manto de duda no solo sobre las cifras sino también sobre la veracidad de todo lo circulante al respecto. Algo irrefutable, por ejemplo, son los 32 mil muertos en 2019 en nuestro país a causa de la gripe, porque este número no contiene positivos “solidarios”, convivientes o "convenientes". Sin embargo, esa cifra no alarmó a los gobernantes, ni a los medios de comunicación, ni a usted ni a mí.

Otro aspecto preocupante de este entuerto es la falta de información fehaciente sobre lugares donde hisoparse, lo que, en teoría, echaría luz al estado de salud real de todos y todas. Y cuesta mucho atribuir esto a descuidos o ineptitud, más bien parece desidia, en un mundo atravesado por vías de comunicación tan eficaces como inmediatas. Solo citando dos ejemplos constatados, ni el hospital Germani, ni el Balestrini testean, a pesar de figurar en páginas oficiales. Y a los móviles del Plan Detectar cuesta localizarlos ya que –al menos en La Matanza- no hay un mapa y/o cronograma oficial de su funcionamiento y cuando por fin nuestra víctima –y no del Covid- encontró uno, no hacían el test ese día “por la lluvia”, aunque había llovido, pero a la madrugada.

Para completar el combo de informaciones confusas que harían dudar hasta al más acérrimo apoyador de gobiernos de turno, el “Plan Buenos Aires vacunate”, destinado en principio a grupos de riesgo y que en su página oficial figura como optativo, exige registrarse para quedar a la espera de la convocatoria. En ese registro “voluntario” pregunta si uno tiene decidido vacunarse y ofrece 3 opciones: “sí”, “no” y “aún no lo decidí”; sin embargo, la única respuesta admitida para completar el formulario es “sí”, los otros dos botones no remiten a ningún registro y sencillamente ignoran el clickeo. ¿Coincidencia? ¿Mal funcionamiento de la página? Lo cierto es que si, para registrarte solo podés responder “sí, me voy a vacunar”, lo del registro optativo pudiendo decidir después no estaría siendo tan veraz.

Por otra parte, si bien el sector de epidemiología de La Matanza ofrece un seguimiento telefónico y vía mail que atiende pacientes a la hora de acompañar la evolución de la enfermedad, evidentemente son muchas las incógnitas y pocas las certezas en torno a los procesos a seguir. E incomprensiblemente también, en www.argentina.gob.ar hay info sobre las restricciones pero no tanto sobre qué hacer si uno tiene síntomas, al tiempo que en “preguntas frecuentes”, solo hay datos sobre la vacunación y los “teléfonos útiles” solo dan respuestas automatizadas que remiten a aislarse e ir en procura de un hisopado muy difícil de encontrar.

Las certezas ofrecen tranquilidad, permiten trazar un norte, proyectar una forma de vida. Sin embargo, ante tamaña confusión generada por quienes debieran aportar claridad, el encierro muchas veces parece ser el objetivo y no la consecuencia de la pandemia. Ya lo sentenció George Orwell en su célebre 1984: "La mentira elegida pasaría a los registros permanentes y se convertiría en la verdad".

sábado, 9 de enero de 2021

Doble moral: la argentinidad al palo

 

“Quedate en casa”, repitió Alberto hasta el hartazgo –incluso enojado- y, además de fotografiarse en comidas y reuniones sin barbijo, organizó un funeral tan demagógico como innecesario y peligroso, para un millón de personas. “Son unos descerebrados/as” decían muchos/as sobre quienes asistieron a la despedida del astro, sin embargo después aparecieron en las multitudinarias vigilias y marchas pro aborto. Macri se preocupa ahora por la pobreza pero no formaba parte de su vocabulario cuando en su gestión superó la friolera cifra del 40%. El precio del dólar y la inflación eran fundamentales y publicación cotidiana para muchos/as hace un puñado de meses y ahora desaparecieron de las redes (y aparecieron los de enfrente, con esos temas que antes omitían). La justicia está comprada si procesa a tal o cual pero fulano/a es considerado/a inocente si es sobreseído por esa misma justicia. “Será el cristal con que se mira, que ve distinto lo que es igual” dice una canción que pretende denunciar este doble discurso pero su autor en sus presentaciones no siempre canta algunos párrafos de protesta cuando quien gobierna es de su color político.


En tiempos de nuevas restricciones nocturnas a la circulación, pocos se detienen a pensar que el colectivo resulta de la suma de las partes, lo que en general –verdad de perogrullo- incluye a las partes. Claro que esto exige revisión de conductas, acciones y omisiones, tanto propias como de terceros, tarea que no siempre es fácil de concretar.

“El rebrote es culpa de la juventud”, declaran adultos que olvidan quiénes enseñaron a esas juventudes a ser como son. “La vacuna no me la pongo ni loco porque no es segura”, declaman quienes nunca supieron cuánto de seguridad tenían todas las que se pusieron en sus vidas. La lista de ejemplos de este estilo podría llenar las páginas de un libro pero no es la idea, la intención es invitar a la reflexión interna y entender que, por más que resulte sencillo y práctico, nunca es solución echarle la culpa a los demás: no esperes resultados distintos si seguís actuando igual.

Lo que está mal está mal, lo haga quien lo haga. La justicia es justa o es corrupta pero eso no depende de a quién condene o a quién libera. Los jóvenes no son lo que son –para bien y para mal- porque un repollo los educó así: fue esta sociedad, estos gobiernos, estas escuelas, estos padres, instancias en las que todos y todas, por acción o por omisión, somos protagonistas.

Usted podrá decirme: yo desde mi lugar no puedo modificar nada y hasta quizás tenga razón pero, por ejemplo, si cada docente se ocupara de que nuestros jóvenes aprendan en lugar de quejarse del sistema -y escudarse en él-, lo más probable es que tengamos más estudiantes mejor preparados/as que los/as que tenemos. Si quienes denuncian la pobreza –porque les preocupa genuinamente-, lo hicieran siempre y no dependiendo del color del gobierno de turno, lo más probable es que haya más y mejores programas para combatirla. Si todos/as convirtiéramos en actos nuestros dichos, la coherencia se impondría por goleada a la hipocresía y de ese modo es bastante más probable que uno se cuide si quien me lo recomienda me demuestra que lo hace y no a la inversa. Si quienes defienden la vida, además de enarbolar la bandera mediática del aborto, lucharan con el mismo ahínco por los/as abuelos/as que se mueren esperando que el sistema de salud los atienda –que son muchos más que quienes fallecen por abortos clandestinos-, la defensa por la vida empezará a estar respaldada con hechos. Cuando empecemos a revisarnos, seguramente estaremos empezando a cambiar algo. Mientras tanto, estaremos dándole la razón a Bertrand Russell cuando afirma que “la humanidad tiene una moral doble: una que predica y no practica, y otra que practica y no predica”.

domingo, 10 de mayo de 2020

El deterioro emocional, grave daño colateral de la cuarentena


Angel visita a su mamá todos los días. Ella tiene 75 años, vive sola y es autosuficiente pero él aparece cada tarde, la saluda de lejos, se prepara el mate y se sienta en la otra punta de la mesa para conversar con ella por espacio de una hora. Rompe la ley porque no debiera visitarla ya que ella se arregla sola y ante la requisitoria al respecto, responde: ¿qué querés, que se muera? Si no tiene con quien charlar y ni siquiera puede hablar con los vecinos, se me muere en una semana, justifica. Gabriel no ve a su hija de 3 años hace más de 50 días porque al estar separado de la madre, ella se escuda en el temor y en la prohibición de salir para que él no la visite, limitándolo a videollamadas en las que lucha para evitar que el dolor por no poder hacerle una caricia a su hija lo desborde. Raúl y Susana esperaron muchos años para ser abuelos hasta que por fin su hijo, a sus casi 40, se dignó a tener descendencia. Ese pequeño era casi el único motivo de felicidad en el complejo declive que implica ser viejo en tiempos de capitalismo salvaje pero se lo arrebataron ya que la ley les impide ir a visitarlo o recibirlo en su vivienda y sienten que están muriendo de tristeza mientras… ¡están muriendo de tristeza! Las personas que se aman pero no conviven (que son muchísimas, al igual que las que sí conviven pero no se aman) no pueden verse porque “no es esencial” y la norma castiga a quienes se desplacen para abrazarse con ese ser tan especial, con el consiguiente impacto emocional, tan profundo como  desatendido.
Gabriel, Raúl, Susana y cada uno/a de quienes se encuentran en situaciones similares alimentaban su esperanza y soportaban su prisión domiciliaria pensando que el 13 de abril (luego de la única extensión del aislamiento sanitariamente justificada) se terminaba todo. Después, se propusieron aguantar hasta el 27, luego hasta el 10 de mayo y ahora sospechan que ya nada tiene sentido. A Ángel  no le pasa eso pero debe lidiar con su conciencia porque se sabe en falta aunque eso sirva para que “la vieja” esté bien. ¿Realmente alguien puede pensar que si alguno de los personajes mencionados no se cuidara tomando todos los recaudos recomendados por los expertos iría a ver a esa persona tan querida, exponiéndola al virus? ¿De verdad alguien con sentido común no ve que hay más riesgo de contraer y propagar el Covid-19 yendo al súper que visitando a alguien en su casa? ¿En serio los sentimientos no importan y se puede aceptar una rigidez legal más simbólica que concreta y que ocasiona mucho más daño que el que en teoría intenta combatir?
Usted me dirá que con la cuarentena se salvaron miles de vidas y se aplanó la curva de contagio y es cierto pero con una salvedad: no se evitó ningún mal aún, simplemente se pateó el problema para adelante porque sin la concientización necesaria, cuando se termine el encierro –que indefectiblemente ocurrirá algún día- los contagios van a proliferar y, tristemente, un porcentaje de los infectados va a morir. También usted me podrá decir que se ganó tiempo para fortalecer la estructura sanitaria, de modo que permita afrontar mejor el famoso pico de contagio y también es cierto pero es preciso aclarar que ese fortalecimiento ocurrió en los primeros 20 días y luego de ello la cuarentena se volvió esclava de su propia efectividad y ahora deshacerla, aterra.
Se esperaba la explosión de contagios para mayo y luego esa previsión se desplazó para junio en virtud del “éxito” del plan de prevención. Ese triunfo no es tal porque la curva se desplazó hacia adelante simplemente porque la gente sigue encerrada, lo que equivale a decir que para evitar que te suicides te impiden el acceso a cualquier tipo de arma cuando lo que debieran hacer es convencerte de cuidarte, de valorarte y de preservar tu vida. Y si eso no ocurre, cuando puedas manotear una navaja te vas a cortar las venas y que eso no pase mientras tienen tus manos atadas no significa éxito sino solo posponer el trágico desenlace, a la fuerza.
Algún analista de “la oposición” dijo que encerrar a la gente para que no se contagie era como evacuar a una ciudad ante un incendio y condenarla a la precariedad permanente en lugar de combatir las llamas. Otros “opositores” sostienen que con una población mundial de más de 7 mil millones de personas, 4 millones de contagiados (menos del 0,06%) y 275 mil muertos (menos del 0,004%) no justifican medidas tan desproporcionadas. Algunos "malintencionados" también recuerdan que el año pasado en nuestro país murieron 33.000 personas por gripe y neumonía pero nadie se asustó porque los medios no te contaban los muertos todos los días, todo el día.
Un informe de 2015 de Perspectives on Psychological Science -citado adrede por no estar contaminado de intereses pro o anti cuarentena- dice que la sensación de soledad y el aislamiento social son factores de riesgo  tan poderosos para la mortalidad como la hipertensión, el cigarrillo o el colesterol alto y su investigación arrojó que el aislamiento, la soledad y el vivir solo incrementan la posibilidad de morir en un 29%, 26% y 32%, respectivamente. El Departamento de psiquiatría de la Fundación INECO, por su parte, afirma que facilitar la comunicación con los seres queridos puede tener un impacto poderoso en la salud emocional de las personas en cuarentena. Al mismo tiempo los expertos dicen que cuanto más estricto y duradero sea el aislamiento, más graves y permanentes son las consecuencias psicológicas, la angustia, la depresión y la inmunodepresión.
Está claro que la cuarentena era necesaria y que su oportuna aplicación trajo enormes beneficios y salvó vidas. Es sabido también que la normalidad como la conocíamos ya no tendrá lugar en nuestra cotidianeidad por muchos meses. Al mismo tiempo, es igual de evidente que no se puede salir livianamente del aislamiento sin entender que muchas actividades estarán vedadas por un periodo impreciso de tiempo y que el contacto social debe estar limitado al mínimo imprescindible. Habrá que evitar aglomeraciones, reducir el uso del transporte público, respetar las distancias, acostumbrarse al barbijo y seguir estrictamente el protocolo correspondiente en cada una de las actividades que se realicen de acá en más. Todas estas medidas ayudarán a preservar la salud de todos y todas pero no son menos importantes que el aspecto emocional,  el cuidado de los afectos y el fortalecimiento anímico tan necesario para hacer frente a un hecho que sin dudas está convirtiéndose en una bisagra en la historia de la humanidad. Es imprescindible atender estas cuestiones de manera urgente porque la angustia y la incertidumbre son tan silenciosas como dañinas y están ahí, agazapadas, compitiendo con el coronavirus para ver quién hace más daño.


jueves, 23 de abril de 2020

¿La cuarentena indefinida es la solución?


Carlos estuvo unos 10 minutos en el almacén, sin barbijo. Compró varias cosas y consultó varias otras. Recorrió el local mirando, tocando y preguntando hasta que finalmente dejó sobre el mostrador los 1.000 pesos para que el comerciante le cobre. Claro, dejó también miles de micropartículas de saliva por todos lados como para propiciar el contagio de quienes compren en ese negocio, detrás suyo. Cuando le dije que hay que usar barbijo me miró con desdén, con soberbia y hasta con desprecio haciendo, por supuesto, caso omiso de mi recordatorio. El dueño del comercio pretendió atenderme rápido porque se le estaba juntando gente, sin limpiar los lugares por donde había estado escupiendo el comprador y solo lo hizo a desgano ante mi exigencia y la complicidad silenciosa de los clientes que estaban detrás mío.

La cuarentena podría durar un año más que, con conductas así, el coronavirus igual se hace una fiesta. Y en nuestro país, con gente tan “viva” y con tanto desprecio por las normas y por el respeto hacia el otro, esta escena puede ocurrir tranquilamente a la vuelta de tu esquina. Y esto lleva a pensar que quizás el aislamiento obligatorio ya cumplió su ciclo y se impone ahora la conciencia ciudadana: si no te cuidás y cuidás al otro, el riesgo se potencia y estaremos todos en peligro. Estará en las decisiones de las autoridades -tan pertinentes y oportunas hasta el momento- arbitrar los medios para que la salida del encierro sea prolija y no se desmadre pero lo cierto es que seguir presos en nuestros hogares pierde cada vez más el sentido si no tomamos conciencia de lo delicado de esta situación. De este modo, retardar la liberación -que tendrá que suceder tarde o temprano- solo retarda la hecatombe social, económica y sanitaria y lo preocupante y peligroso es que Argentina no tiene los recursos para afrontar ninguno de los 3 frentes en caso de desborde. 

El aislamiento social, preventivo y obligatorio tuvo un resultado excelente porque la cantidad de infectados y víctimas fatales es menor incluso a las previsiones más optimistas y eso permitió fortalecer la estructura sanitaria a la espera del famoso pico esperado para mayo, que ahora se desplazó hacia junio. Y como bien explicó el Presidente Alberto Fernández, las vidas que se salvaron con eso bien vale afrontar cualquier freno en la economía, sensiblemente afectada por el parate de casi 40 días. El problema es que la cuarentena no se puede extender en el tiempo por varias razones: en primer lugar, la ciudadanía está cada día menos dispuesta a acatarla, con lo cual su rompimiento y los descuidos proliferan y se multiplican; en segundo término, porque las necesidades de los millones de trabajadores informales exigen salir a buscar el mango (a pesar de la constante presencia del Estado asistiendo a cada persona/grupo/sector que lo necesite) y por último, porque las arcas estatales están cada vez más flacas y esa delgadez se profundiza conforme se extienda el parate. Ante este panorama, la finalización del encierro se impone tanto como las normativas necesarias para evitar contagios masivos y para esto no alcanza solo con decisiones gubernamentales acertadas sino que es preciso también, indefectiblemente, el compromiso y la responsabilidad individual de todos y todas.

Para más adelante quedará la discusión de cuánto de conveniente fue cerrar la economía y hasta cuando fue prudente hacerlo. EE UU, por citar el ejemplo más opuesto a las medidas tomadas en nuestro país, es quizás la muestra más acabada de que subestimar la pandemia solo acarrea miles de muertos y eso no hay superávit que lo compense. Habiendo hecho todo mal, priorizando la economía y tratando de “resfrío” al virus, ya se acercan a los 50 mil fallecidos, con alrededor de 800 mil infectados. Y con estos números, no podemos dejar de lado el festín que se hacen los medios de comunicación poniendo títulos en rojo con cifras que hacen temblar y venden miedo las 24 horas, alarmándose y poniendo el grito en el cielo por el dolor que generan los 3539 fallecimientos registrados ayer en el mundo por el Covid-19 pero sin mencionar siquiera las 17.500 muertes diarias (5 veces más) por desnutrición, decesos más fácilmente evitables que los de la pandemia pero que parece que no son tan preocupantes o no venden tanto. A pesar de esta salvedad, hay que decir que es cierto que los números del país del norte son desastrosos pero también que son cifras muy similares (aunque lamentablemente las va a superar con creces) a las que le cobró la gripe en 2017, solo por citar un ejemplo. Y que la tasa de mortalidad es muy similar aunque la Organización mundial de la salud (OMS) se haya encargado en las últimas semanas de difundir que es 10 veces más letal a pesar de que matemáticamente sea difícil de entender y no den las cuentas.

Y a este desalentador panorama debemos agregarle los males generados por lo inusual y desorientador de una situación inédita e impensada en nuestras vidas. Una pandemia azota, con un enemigo desconocido y hasta ahora invencible y el miedo y la incertidumbre, en mayor o menor medida, se apoderan de nosotros. La angustia de sentirse acorralados, el temor por los seres queridos, la impotencia por quienes no comprenden la magnitud del problema, la falta de recursos, la soledad, la tristeza, la ruptura de las rutinas organizadoras de nuestra cotidianeidad y la desazón que provoca no saber cuándo vas a poder dar ese abrazo que tanta falta te hace son un combo letal.

Claramente el encierro ya no es el camino aunque tampoco se puede volver a la vida normal porque eso garantizaría el desastre que todos tememos. Y en esta ecuación pagan justos por pecadores porque mientras quienes se cuidan, toman los recaudos necesarios y evitan salir privándose incluso de visitar a sus afectos más sensibles, andan por tu barrio muchos Carlos y Carlas haciendo que a pesar de todo vos, que hacés las cosas bien, te puedas contagiar en el almacén, en la ferretería, en el cajero o en cualquiera de esos lugares de los que ninguno podemos escapar.

Es momento de pensar en el otro porque eso es pensar en uno mismo. Esta frase tan hipócritamente declamada por tanta gente hoy exige imperiosamente su puesta en práctica pero de verdad: auténtica, genuina, empáticamente. Casi como debieran ser todos los actos en nuestra vida.

domingo, 22 de marzo de 2020

Cuarentena: aprendemos a vivir o nos resignamos a morir


Recién van 48 horas del aislamiento social, preventivo y obligatorio y ya hay más de 3200 detenidos por infringir la oportuna, previsora e imprescindible norma establecida por el Presidente Alberto Fernández a través de un DNU. Para tomar dimensión de la gravedad de este hecho es necesario considerar que los aprehendidos son apenas un pequeño porcentaje de las personas que, pudiendo no salir de sus casas, se dedicaron a dar una vuelta por ahí, a hacer footing o ciclismo, a “hacer esquina”, a irse de picnic o a “ejercer su derecho” de andar libremente. Y esto sucede porque no alcanzan las fuerzas de seguridad para controlar cada rincón del país y a cada inconsciente que se desinterese del bien común.
Si no circulamos, no circula el virus
Claramente la clave está en que entiendan la situación y quizás su propio desprecio por su vida y por la de los demás pueda servir de ejemplo para tomar conciencia: si no fueron detenidos a pesar de cagarse en las normas y en el prójimo fue porque las fuerzas de seguridad no dan abasto para controlar y apresar a tanto idiota. Usted me dirá ¿y? Bueno... si hay muchos infractores no hay policía que alcance y así los egoístas irresponsables pueden seguir rompiendo las reglas durante algunos días más sin ser alcanzados por los efectivos del Estado dispuestos para tal fin. Y lo grave, preocupante e irreversible es que si lo que se multiplica como los infractores son los infectados, tampoco van a dar abasto las instituciones y el personal de salud para atender a tanto enfermo y la consecuencia de esto va a ser muy distinta a la de seguir paveando en la calle: la gente que necesita atención médica y no la recibe, se muere. Y cuando los infectados se multiplican tan rápido (como está sucediendo en cada lugar del mundo en que se subestimó la situación del mismo modo que hace cada uno/a de los que no respetan la cuarentena) no hay manera de que haya disponibles ni médicos, ni enfermeros, ni camas, ni medicamentos, ni respiradores ni espacio físico donde atenderlos.
Una vez más queda en evidencia que la única manera de vivir en sociedad y no morir en el intento (nunca tan literal) es respetar las normas. Las pautas de convivencia se establecen buscando el bien común y aunque muchos/as sientan que no están alcanzados por esa premisa, es buen momento para llamarse a la reflexión y entender que situaciones excepcionales exigen comportamientos excepcionales. Si la pandemia requiere aislarse socialmente como única medida eficaz para detenerla y que todo esto no devenga en un caos inmanejable, no queda otra que colaborar y entender que si los expertos están desesperados y piden a gritos al planeta entero que se aísle, es porque quizás el panorama es más oscuro y pesimista de lo que podemos ver los ciudadanos comunes.
El virus ya circula mucho más en Argentina, se está extendiendo por todo el territorio y está a la vuelta de la esquina. De este modo, es cada vez más probable que nos topemos con él en alguna persona, en algún objeto, en el suelo que pisamos, en la estantería del supermercado o en el paquete de galletitas al que alguna gotita de saliva de algún infectado pudo caerle encima, solo por citar algunos ejemplos. Es imprescindible entender esto y tomar los recaudos necesarios aunque nos parezcan exagerados: al fin al cabo es mejor quedar como exagerado que como estúpido. Y de la exageración se puede volver pero de una inconsciencia irresponsable que genere un caos sin precedentes en la historia de la humanidad, no.
En este punto es importante destacar que mirar al mundo puede darnos una mano y en ese sentido contamos con ventaja porque el virus nos llegó mucho después. España e Italia, por ejemplo (sobre todo éste último) hicieron todo mal y tarde y en 20 días sus calles vacías se convirtieron en una escena de película de terror postcatástrofe, con 72.000 infectados y más de 6.500 muertos amontonados en morgues improvisadas. Mientras tanto China, primer afectado a nivel mundial, ya empezó a controlar la pandemia y hoy tuvo su primer infectado tras 4 días sin nuevos enfermos locales. Claro, nosotros tenemos más influencia española e italiana en la sangre y, por lo tanto, tenemos menos apego a las normas, casi ninguno, diría. No tenemos la disciplina ni la conciencia social de los orientales pero esta es nuestra oportunidad de revisar esas conductas que en general nos ofrecen más tropiezos que avances.
Estamos en un momento bisagra de nuestra historia, de reposicionamientos políticos, económicos, sociales y culturales. Si usted piensa que esto es ridículo, exagerado o anticientífico, es respetable pero... ¡cuídese y aíslese igual, por las dudas! Si no lo hace por usted hágalo por sus seres queridos y por quienes lo rodean, que seguro debe haber gente que vale la pena.

domingo, 1 de marzo de 2020

Estado de bienestar milenials


La calamitosa situación económica y social que dejó el gobierno de Cambiemos obliga a rediscutir prioridades políticas haciendo que ordenamiento, déficit, refinanciamiento, comercio exterior y otros temas caigan en saco roto cuando la pobreza y las necesidades extremas asfixian al 40% de la gente y reinstalan la urgencia de transferir recursos y posibilidades hacia los sectores más postergados que quedaron en situación terminal.
En este contexto se puso de moda nuevamente el término "populista" que, a su vez, se convirtió en el insulto preferido de quienes defienden las políticas regresivas aplicadas por el neoliberalismo macrista. En tiempos de 3.0, redes e internet no podemos menos que indagar allí acerca del significado del concepto encontrando que “populismo se suele usar de forma retórica en sentido peyorativo con la finalidad de denigrar a los adversarios políticos”. Al mismo tiempo, desde otro lugar de la web se sentencia: (los populistas son) movimientos que … se muestran, ya sea en la práctica o en los discursos, combativos frente a a las clases dominantes. Apelan al pueblo para construir poder entendiendo al pueblo como clases sin privilegios, lo que hace que los líderes populistas se presenten como redentores de los humildes. Por si hiciera falta redondear la idea recurrimos al “gran diario argentino” que, a través de Ugo Pipitone “explica” en una nota veraniega que “en el mundo brotan varios hongos populistas” y luego de definirlos como demagogos y aduladores del pueblo, sostiene que en este contexto... es comprensible que grandes sectores de la población... entreguen sus expectativas a demagogos que canalizan las frustraciones colectivas”.

¿Hacemos un repaso? Los populistas son hongos. Se trata de demagogos y aduladores que canalizan (léase “se aprovechan de”) las frustraciones y se muestran combativos (¿se muestran pero en realidad no lo son?). Por si con todo esto no alcanzara, su sola mención denigra a quien se “acusa” de serlo. Está claro que la intencional connotación negativa pretende enterrar el concepto sin atender las razones ni los responsables de que este tipo de políticas se torne imprescindible. Y más allá de que la tribuna oligarca pretenda tildar de mero asistencialismo cualquier iniciativa en este sentido, es insoslayable que la trasferencia de recursos hacia los sectores más vulnerados de la sociedad es tan necesaria como urgente. Ya lo dice Zigmunt Bauman desde su icónico “Daños colaterales, desigualdades sociales en la era global”: un Estado político que rehúsa ser un Estado social puede ofrecer poco y nada para rescatar a los individuos de la indolencia o la impotencia. (...) Si los derechos políticos son necesarios para establecer los derechos sociales, los derechos sociales son indispensables para que los derechos políticos sean reales y se mantengan vigentes". Ernesto Laclau, por su parte, refuerza la naturalización del desprecio por el concepto a través de “La razón populista”: “para progresar en la comprensión del populismo es una condición 'sine qua non' rescatarlo de su condición marginal en el discurso de las ciencias sociales (…) el populismo no solo ha sido degradado, también ha sido denigrado. Su rechazo ha formado parte de una construcción discursiva de cierta normalidad”.
Desatendiendo la idea que nos quieren vender los sectores dominantes, es evidente que el Estado social no solo no es malo sino que es imprescindible a la hora de convertirse en el único garante para achicar las desigualdades y tornar más justo el reparto de recursos. Asimismo, no es menos cierto que se impone una nueva forma de contención social “siglo XXI”. Este marco es el que exige una etapa de transición en la que la trasferencia de recursos vaya dando lugar a proyectos populares de producción, de manera de desterrar la asistencia emparentada con el clientelismo y dar paso a programas que permitan impulsar proyectos que desemboquen en la creación genuina de puestos de trabajo que contemplen a aquellos/as que fueron excluidos de todos los derechos y despojados de su dignidad.
Más allá de discusiones estériles sobre conceptos y significados, en tiempos de revolución tecnológica se impone también una resignificación del Estado social. Para ello es imprescindible la implementación de programas que atiendan específicamente las necesidades de cada sector y eso es posible únicamente a través del trabajo mancomunado de todos los niveles gubernamentales: Nación, Provincia y Municipios deben articular un proyecto que contemple los recursos, las posibilidades, las limitaciones y las potencialidades de cada territorio. Y si bien el abanico debe contemplar a todos y todas, es necesario apuntar esencialmente a los/as jóvenes y adolescentes de los sectores más golpeados, que en gran número se vieron obligados a dejar sus estudios para ser explotados en el mercado informal de trabajo como única manera de paliar las necesidades extremas que se padecían en casa. Solo garantizando la educación, la salud, el pan de cada día y el derecho a un trabajo genuino que escape a la repugnante uberización del sistema laboral se pueden igualar las posibilidades de los sectores eternamente postergados y, para eso, es imprescindible la existencia de un Estado social garantista, un Estado de bienestar 3.0.

lunes, 27 de enero de 2020

Camino al nacional: la dupla campeona confirmó su presencia

Los flamantes ganadores de la última edición en la categoría +45 finalmente serán de la partida despejando una incógnita que tuvo en vilo a la organización del evento. La duda estaba centrada en una lesión crónica conocida en el ambiente como "codo de no-tenista", que afecta a Adrián Pilipchuk desde hace tiempo.  El anuncio se hizo ayer en la rueda de mates del sector de tenis ante la insistencia de Camila San Martín, principal impulsora y organizadora del torneo.
De esta manera el certamen se asegura uno de sus mayores atractivos ya que, al lucido y eficaz juego de la pareja, se suma la sed de venganza de sus derrotados el año pasado. La noticia tranquilizó tanto a Almirante Brown -club organizador- como a la cúpula de la AAT que, como promotora y auspiciante del evento,  emitió un comunicado a través de su presidente Martín Vasallo Argüello festejando la confirmación.
Cabe recordar que la edición 2019 fue un éxito absoluto con casi 200 inscriptos y una lista de patrocinadores y premios para ganadores y participantes inédita en un torneo amateur en nuestro país. Es por ello que se espera superar aquellas estadísticas y, teniendo en cuenta la avalancha de inscriptos y pautas publicitarias que se suman, todo indica que así sucederá, a partir del próximo 14 de febrero en las instalaciones del aurinegro. No obstante, Camila San Martín exigió a los campeones que desde sus redes sociales anuncien a sus miles de seguidores su decisión de presentarse.
Al respecto, Adrián Pilipchuk declaró "estoy bastante recuperado y no quería exponer a Gustavo a quedarse sin pareja en medio del torneo, por eso dudé hasta el final". Rodríguez, por su parte, confirmó su alegría por esta situación y justificó: "si bien tenía otras ofertas interesantes, no quería dar el sí porque después de jugar con Messi no podés imagínarte jugando con otro compañero",
La aclaración oficial de la dolencia que afectaba a Pilipchuk echa por tierra los rumores que indicaban que la dupla atravesaba una crisis generada por la vida lujuriosa de uno de sus integrantes, situación de la cual hasta el momento no se tienen datos concretos.

viernes, 17 de enero de 2020

Periodismo partidario: un bien necesario

Mucho se escucha, se lee y se dice sobre el desprecio, la bronca, el enojo y la descalificación que genera el/la periodista que manifiesta su postura y/o ideología y construye su discurso a partir de esas premisas. Entonces todo lo que dice pasa a estar impregnado de "tendenciosa subjetividad" y automáticamente adquiere el mote de “vendido/a”, “macrista”, “peronista”, “bostero”, “gallina”, solo por citar algunos ejemplos icónicos. Con este criterio, esas voces, esos escritos, esas personas, dejan de tener “autoridad moral” para hablar porque juegan para tal o cual y todo lo que digan es puesto en duda o directamente pasa a ser mentira a menos que quien lee o escucha piense lo mismo o esté marcado por la misma ideología.
Foto: pirámide invertida.com.ar
Entonces... ¿molesta que alguien manifieste postura o lo que enoja es que esa no sea “mi” postura? ¿Qué mejor que quien hable o escribe me diga de antemano para quien juega o cuales son sus ideales para que uno pueda atribuirle con más justeza a ese discurso el lugar que le corresponde? ¿Es acaso más creíble quien se autoproclama “objetivo” y dice no jugar para nadie y desde ese lugar nos cuenta su visión de la realidad pero sin decirnos que es justamente eso: su visión y no la realidad misma? Estas polémicas se desatan cada vez con más frecuencia en tiempos de posverdad porque constantemente necesitamos hacernos eco de las voces que reproducen nuestro sentido, nuestra manera de ver el mundo. 
El filósofo argentino Darío Sztajnszrajber definió a la posverdad como “leer de la realidad solo lo que le cuaja y  le cierra a lo que previamente uno cree”. Y va más allá todavía al afirmar que “hay como una conciencia de que uno ejerce esa operación pero no le importa”. Mientras tanto, la RAE describe posverdad como “la distorsión deliberada de una realidad que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. Lo que olvida esla Real Academia es aclarar que, sin distinción de edades, ideologías, formaciones, profesiones y roles  todos y todas recortamos siempre la realidad a nuestro antojo y reproducimos ese recorte como si fuera la totalidad. Sin embargo, le exigimos al otro/a -más si es periodista pero mucho más aún si quien toma la palabra está impregado/a de una selección de realidad diferente a la nuestra- que no lo haga y nos cuente “las cosas como son”.
José Luis Dader, doctor en ciencias de la información y Catedrático del área de periodismo en Madrid sostiene que esta profesión es “una ciencia que combina la recopilación, verificación, síntesis y clarificación de la información acreditada como relevante y cierta para servir desinteresadamente a los ciudadanos en su necesidad de seguimiento preciso de los asuntos de interés público”. Así las cosas,  no se puede dejar de lado que lo resaltado en negrita debe ser realizado (sí o sí) por una persona y que ese sujeto, ineludiblemente, pondrá su ojo a la hora de recoger, clasificar y transmitir esa información que él mismo ha considerado relevante. De esta manera se pone de manifiesto que la subjetividad es ineherente a cada relato con lo cual la objetividad no deja de ser una utopía romántica y, al mismo tiempo, se ratifica que el periodismo debe servir desinteresadamente. 
En este contexto, ¿no es más saludable que quien comunica nos cuente a partir de qué mirada va a recortar la realidad y contárnosla? ¿No es más sano que nosotros mismos tengamos la capacidad de escuchar a otro que piense distinto y no por eso desacreditarlo automáticamente? Es necesario entender que no se puede juzgar la mirada del otro y mucho menos condenarla ya que estamos en una etapa que quizás modifique para siempre el rol de los medios de comunicación. Su función ya no es contar aquello que el ojo humano no alcanza a ver sino consolidar las ideas que los sectores hegemónicos quieren imponer como verdad absoluta. Y aquí es donde hay que estar muy alertas y diferenciar si el relato del/la periodista responde a convicciones genuinas o a intereses creados. Al primero hay que respetarlo aún en desacuerdo pero al segundo hay que denostarlo y  exponerlo de la manera más descarnada ya que solo es el sirviente de los sectores poderosos cuyo fin es vendernos realidades solo existentes en los discursos y en las redes sociales pero que difícilmente puedan anclarse en hechos concretos, palpables, empíricos y que solo persiguen estafarnos moral y económicamente. Ellos mienten adrede y su único fin es enriquecerse a costa de la manipulación de la información, por eso es imperioso que sepamos distinguirlo: el periodismo partidario, en tanto genuino, aporta transparencia a la comunicación, lo otro... lo otro es la práctica macabra y profesional de la mentira.

jueves, 31 de octubre de 2019

Boca debe "recuperar su vida", no Alfaro


El conjunto de la Ribera hace años que ha perdido identidad y en 10 meses de trabajo el técnico profundizó ese declive ya que solo le ha aportado confusión, dudas, temores e improvisación. Todavía no se sabe a qué juega Boca y la mayoría de sus jugadores han tenido un desempeño muy por debajo de lo que deben dar. Es sabido que sacar lo mejor de cada uno es tarea del técnico y aquí también ha fallado “Lechuga” y no es casualidad: no teniendo clara la partitura es muy difícil elegir a los intérpretes, y luego éstos, confundidos, deberán descifrar esas notas como puedan. Y sale lo que sale: el equipo no sabe donde está parado. No tiene convicción, no sabe qué busca dentro de la cancha (y por ende, no sabe cómo hacerlo), es un conjunto de voluntades tirando centros y jugando la pelota “segura”, para atrás y siempre obligando al compañero a esperarla, nunca con ventaja. No hay sorpresa ni cambio de ritmo, no se gana en el mano a mano (porque ni siquiera se animan a proponerlo) y no hay juego asociado ni parejas futbolísticas. Para redondear un presente desalentador, la seguridad defensiva que había logrado se evaporó tras el gol de Newells que acabó con el récord de Andrada y desde entonces cada vez que lo atacaron, lo lastimaron.
A este panorama tan oscuro como predecible hay que agregar que los rivales siempre lo sorprenden al xeneixe, el equipo nunca puede contrarrestar las mejores armas de su contricante y como contrapartida, éstos siempre anulan lo que fuera que vaya a intentar Boca en los pocos momentos en que intenta algo.
Por si todo esto fuera poco, hace años que no tiene -y esto no es solo desmérito de Alfaro sino también de sus antecesores- una de las principales características xeneixes: revelarse a la adversidad, creer que se puede ganar y de esa manera, convencer al rival de que le van a ganar. De hecho, sucede todo lo contrario: todos sienten que pueden ganarle a Boca y el fútbol se maneja también por sensaciones, por momentos, por confianza y cuando eso aparece todo se potencia y cuando no pasa todo se desmorona.
El último equipo que tuvo una identidad definida y se sabía a qué jugaba fue el Boca de Falcioni. Será discutible si era más o menos vistoso pero es innegable que ese ciclo tenía una marca propia bastante emparentada con la histórica mística xeneixe y no de casualidad fue la última vez que estuvimos verdaderamente cerca de ganar una final de Libertadores. Podrán decir que en términos de números fue similar al ciclo de Guillermo pero en cuanto a representatividad fue muchísimo más. Por lo que proponía y por lo que transmitía dentro de la cancha no solo hacia adentro sino también hacia los rivales: hoy a Boca se le ha perdido el respeto. Y si a eso le sumamos fallos arbitrales puntuales y determinantemente perjudiciales, falta de convicción dirigencial, técnica y futbolística, el combo no puede desembocar en otra cosa que en el presente triste, deslucido, desabrido y desorientado del equipo de Alfaro.
En fútbol se puede ganar y perder y eso está claro, la cuestión es el cómo. El subcampeonato del mundo conseguido por el Seleccionado en 1990 vale lo mismo que el de 2014 pero mientras en Italia no solo merecimos perder sino que además ni siquiera pateamos al arco, en Brasil no solo debimos ganar sino que el haber perdido fue un hecho fortuito típico del fútbol que nos permitió volver a casa con la frente alta. Boca mereció haber perdido todo lo que perdió en los últimos años y nunca tuvo la rebeldía necesaria para imponerse cuando las circunstancias fueron adversas.
Es hora de empezar de nuevo pero de verdad, cambiando el chip desde arriba hacia abajo. “Quiero irme a casa y recuperar mi vida” fue la desafortunada frase de Alfaro tras la repetida y dolorosa derrota con River. Es la institución la que debe recuperar su vida, esto no es Boca. Y lo saben los jugadores, los hinchas, los rivales y el mundo futbolístico todo. Para cambiar esa realidad es imprescindible primero, aceptarla (aunque Angelici y sus colaboradores no se hayan enterado). Luego de eso recién será posible. ¿Difícil? ¡Sin dudas! Y tan complejo como impostergable.

lunes, 21 de octubre de 2019

Debate 2019: Con la panza vacía el único proyecto interesante es comer

4 de cada 10 argentinos “festejará” fin de año sumergido en la pobreza y 1 de cada 10 llegará sin tener qué comer y mucho menos por qué brindar -directamente hundido en la indigencia- graficando una realidad que más allá de los números es el fiel reflejo de lo que dejará el gobierno de Mauricio Macri, quien anoche se dedicó a chicanearse con sus oponentes por televisión y habló sobre los temas “que preocupan a los argentinos” olvidando un detalle: cuando hay hambre ningún debate importa ya que nada preocupa (y ocupa) más que llevar comida a casa.

Las temáticas fueron variadas y “muy interesantes” y el formato fue monótono, aburrido y aportó muy poco acerca de las cuestiones que realmente interesan. El hambre, concretamente, fue abordado por Fernández y nadie se trenzó en esa discusión “estéril” que terminó ocupando escasos minutos en la sumatoria de los domingos en que los candidatos “discutirían” sus propuestas en vivo.
Tras una semana convulsionada mediáticamente por las declaraciones (siempre desafortunadas) del presidente sobre el vídeo viralizado de un humorista explicando las razones por las que iba a volver a votar a Cambiemos, se recrudeció la polémica. Resurgieron los insultos, la discusión de proyectos y la descalificación de las opiniones contrarias olvidando que al 35,4% de pobres le importa muy poco todas esas estupideces: necesita imperiosamente asegurarle el alimento a sus hijos. Claudio Rico, de él se trata, había utilizado la metáfora de la administración casera a cargo de mamá o de papá, ejemplificando con Cristina y con Macri y explicando que debido al despilfarro de ella ahora él debe ajustar gastos. Y de ese modo tienen que dejar de comer afuera, no ir más al teatro, abandonar actividades extracurriculares de sus hijos, recortar el shopping, etc, etc. Su opinión es válida, puede sonar coherente y no tiene por qué no ser honesta pero olvidó un detalle: él y sus hijos tienen la panza llena. Y entonces pueden intentar reorganizar gastos, redireccionar erogaciones y proyectar a mediano y/o largo plazo. El problema es que el hambre es urgente, no admite espera, exige resolución inmediata y sume en la desesperación a quienes no pueden “parar la olla”.
Es probable que se pueda administrar mejor y es probable que no se pueda vivir a tarjeta pagando el mínimo, el asunto explota cuando lo que se “tarjetea” son necesidades básicas: comida, ropa, higiene, salud, escolaridad. Y recrudece cuando no se prende la estufa porque no se puede pagar la boleta de gas o de luz en un invierno tan crudo como la realidad. Ahí no hay recorte de gastos que valga porque... ¡esos gastos no se pueden recortar! Y si un Gobierno te corta la tarjeta en esas circunstancias sin darte opciones o paliativos y sin regenerar ingresos, directamente te abandona. Y resulta lo que resulta: Argentina terminará 2019 con más de 17 millones de pobres y casi 4 millones de indigentes.
Esto explica por qué el 70% de la población no va a votar por el actual presidente aunque éste se enoje y llame a “votar con la cabeza”. Macri se olvida que el cerebro -por suerte- también responde a emociones. Y la angustia, la desazón, la desesperanza, el desánimo, la impotencia y la desesperación son sensaciones que tienen un peso específico que el Primer Mandatario desconoce y, por lo tanto, no puede dimensionar.
La economía argentina caerá este año más del 3% y se estima que el año que viene también se contraerá. Los pronósticos más auspiciosos indican que recién en 2021 -si se reencausa el rumbo y el viento sopla a favor- podría empezar a crecer alrededor del 1% anual. Si se tiene en cuenta que, según el Centro de Estudios Distributivos (CEDLAS) de la Universidad de La Plata, para disminuir la pobreza un 10% hay que crecer durante 6 años consecutivos al 3%, el panorama se presenta más que complicado.
En este contexto, no solo en el debate sino también -y sobre todo- en los Medios masivos la mayoría sigue discutiendo sobre proyectos, alianzas, estrategias, acusaciones, pasado y presente pero olvida lo esencial. Y mientras no se entienda que hay cosas que no pueden esperar, no hay chances de mejorar. Para cambiar la realidad primero hay que entenderla y aceptarla, y mientras no se ponga a la pobreza y a la indigencia como trending-topics de los discursos y de los hechos, toda otra discusión resultará inútil e insultante.

miércoles, 9 de octubre de 2019

Boca quiere soñar pero el “Muñeco maldito” lo azota con sus peores pesadillas


Jugadores, cuerpo técnico, dirigentes e hinchas del Xeneixe dicen para el afuera que la serie está abierta, que todavía hay chances, que pueden darlo vuelta. Eso es tan cierto y probable como el “Sí, se puede” de Mauricio Macri: no tiene lógica ni sustento y lo más factible es que la escandalosa diferencia de 17 puntos con que perdió en las PASO se agrande hasta convertirse en goleada humillante.
El aliciente gigante en que se quiere apoyar el mundo bostero es que en fútbol, por aquello de “la dinámica de lo impensado” del eterno Dante Panzeri, todo puede pasar. Y ese todo incluye la hazaña del equipo de Alfaro. Claro que para eso tiene que darse una serie de circunstancias, todas juntas, y varias de ellas inimaginables.
El primero de esos ítems para ilusionar al conjunto de la Ribera es que River sea un desastre, que no esté a la altura, que sus jugadores no tengan el temple necesario y que el marco se los devore: descartado de plano. El conjunto de Gallardo no fue un desastre ni en sus peores presentaciones en este lustro. Sabe qué quiere dentro de la cancha, tiene sociedades armadas y la solidaridad y conciencia de equipo hace que cuando una individualidad no responde, el conjunto la suplante. En cuanto al temple -un dato no menor y que históricamente fue patrimonio casi exclusivo de Boca- se ha mudado al barrio de Nuñez: cada uno de los que ingresa a la cancha con la banda cruzada al pecho está convencido de lo que tiene que hacer y también de que la única manera de lograrlo es tener el cuchillo entre los dientes hasta que los amigos de Fox le hagan la entrevista post partido. Como si todo esto no alcanzara, el Muñeco ha logrado que, juegue quien juegue, cada uno siempre rinda al máximo en los encuentros cruciales y para muestra bastan los números: disputó 60 mano a mano y ganó 49. Y contra su archirival jugó 4 y ganó... ¡4!
La segunda circunstancia que permitiría pensar en la épica es que Boca mejore sustancialmente su rendimiento futbolístico e imponga condiciones: también poco probable. El equipo de Alfaro no sabe qué tiene que buscar dentro de la cancha y cuando uno no sabe qué busca no hay manera de encontrar el cómo. Sus jugadores están desparramados sin un norte, con funciones inexplicablemente cambiadas o confusas que lógicamente conspiran contra el rendimiento individual, lo que inevitablemente desdibuja la presentación del conjunto. Por si fuera poco, Weigandt, Más (con un penal tan insólito como innecesario y determinante), Reynoso, Soldano y Ávila han carecido del carácter, la enjundia, la energía, la rebeldía y el espíritu imprescindibles para jugar finales. 5 jugadores, medio equipo, demasiado. Párrafo aparte merecen Andrada y la dupla de centrales López-Izquierdoz y Marcone-Capaldo, quienes sí respondieron de acuerdo a lo esperado demostrando jerarquía. Por otra parte, otra carencia achacable al cuerpo técnico, tanto al de Guillermo como al de Alfaro: nunca sus jugadores rindieron al máximo en los partidos claves, ni siquiera las máximas figuras y así no se ganan títulos.
El estado anímico y la confianza también juegan para River. El Boca multicampeón se apoyaba no solo en el rendimiento colectivo sino también en figuras que siempre rendían al máximo y eso contagia: Riquelme no tiene una final con puntaje menor a 9 y lo mismo para Bermúdez, Arruabarrena, Battaglia y varios más. Palermo asustaba por su sola presencia y condicionaba rivales y el histórico gol “en muletas” es prueba de ello: el Titán estuvo media hora para acomodarse y nadie atinó a marcarlo. Eso sucede cuando el de enfrente impone respeto y los jugadores del Boca de Guillermo antes y de Alfaro ahora, nunca lo han impuesto en circunstancias determinantes, todo lo contrario de lo que sucede con cada jugador que Gallardo ponga en cancha.
Finalmente, para ratificar la presunción de favorito del conjunto de Nuñez, cuando las circunstancias lo ameritan aparece el VAR y todas sus implicancias. Porque Más hizo un penal imperdonable y amateur pero solo detectable si lo vemos en cámara lenta repitiéndolo 10 veces (el árbitro estaba a 5 metros, de frente a la jugada y no lo vió). Y el VAR siempre busca penales en el área rival y nunca en el área de River (que, lógicamente, también los debe haber), expulsa a Capaldo pero no llama para revisar el manotazo de Pinola y así sucesivamente, lo que pinta un panorama más oscuro aún para el Xeneixe.
Alfaro se enoja cuando hablan de posible hazaña porque “esto es Boca y somos un grande” pero se olvida que para sacar esa credencial primero tiene que convencer a los suyos para que jueguen como tal y luego puedan imponérselo a los rivales. Mientras tanto estará sujeto a algún centro, a alguna patriada de Salvio si puede jugar, a que Andrada le conserve el cero, a alguna corajeada de Tevez si decide ponerlo, a que Mauro se saque la apatía que lo acompaña, a que Reynoso se entere que las finales no se juegan al tranquito, a que Villa termine -por fin- una bien o a que Mc Allister concrete algo de lo mucho que insinúa. ¿Difícil? Sí. Imposible no hay nada y mucho menos en fútbol. Boca debe revalidar imperiosamente la chapa de grande, River tiene margen de sobra en todos los ítems.

jueves, 19 de septiembre de 2019

La pobreza es más que un sustantivo: es una realidad que te cala el alma para siempre


- ¿Vos no cenás, má?, pregunté con la inocencia impune que te otorga tener 8 años
- No, hoy no tengo hambre, dijo ella con una sonrisa.
Mientras mojaba el pan en el mate cocido y miraba a mi hermano hacer lo mismo totalmente despreocupado, me quedé pensando. Me pareció raro porque al mediodía habíamos comido un poco de guiso que había quedado del día anterior pero no era mucho, que digamos. Lo que sí hizo mi vieja fue prepararse una taza para ella con los dos saquitos que había usado para hacernos a nosotros “porque no le gustaba muy fuerte”. Tomaba amargo porque le gustaba así.

Muchos años después entendí que no quería gastar azúcar para que nos dure más. Lo mismo con los saquitos: usaba uno para mi hermano, uno para mí y los dos juntos para ella, después. Con el tiempo me di cuenta también que los saquitos aparecían cuando ella “andaba mal del estómago” y por eso no tomaba mate por varios días. También entendí que las veces que nos bajábamos del colectivo no era porque “se equivocó de ramal”, como solía decirnos: yo la había escuchado alguna vez pedirle al colectivero que le cobrara un solo boleto, a lo sumo dos, que no tenía para los tres.

También con el tiempo me di cuenta que cada vez que llovía fuerte y nos inundábamos no era porque ella era una estúpida que no podía atajar el agua ni levantar el piso de la casa. Cada vez que llovía fuerte, las pocas pertenencias se arruinaban y era un incesante volver a empezar, desde la nada misma.

Con el tiempo entendí que su mirada eternamente triste estaba vinculada con eso: con su impotencia y su dolor por no poder darnos una vida digna, sin tantos apremios, carencias y humillaciones, crudas, constantes y que te marcan para siempre. Con el tiempo me di cuenta que ser pobre te hace bajar de todos los colectivos, todo el tiempo. Del del trabajo, del del estudio, del de los juegos, del de la inocencia, del de los sueños. Y del más grave de todos: del de la dignidad.

Hoy escucho a muchos de mis alumnos del conurbano que cada vez más seguido se bajan del colectivo. Y lo peor no es que no tienen para viajar: no tienen crédito en la SUBE de la vida y sienten que no pueden ir a ningún lado. Después, cuando reaccionan como pueden ante tantas injusticias, tantas humillaciones, tantas desigualdades, quienes siempre viajaron en auto piden mano dura. Se ve que todavía no entendieron.

martes, 27 de agosto de 2019

“Camino al Nacional” vistió de fiesta al tenis de Almirante Brown


Con la presencia de dirigentes de la Asociación Argentina de Tenis (AAT) con su Director Ejecutivo Martín Vassallo Argüello a la cabeza, se celebró en la Ciudad deportiva aurinegra la premiación de este torneo oficial, organizado por el sector de tenis del club y avalado por la mayor entidad tenística del país. Junto a los campeones de cada categoría estuvieron finalistas, socios, sponsors y amigos. También hubo una innumerable cantidad de premios, sorteos, regalos, fuegos artificiales y el tan merecido brindis.


La competencia amateur más importante que organiza la AAT había arrancado hace dos meses con un puñado de certezas, enormes expectativas y una gran incertidumbre debido a la jerarquía de la misma. La subcomisión de tenis del club aceptó el desafío de llevar adelante un torneo que nucleó a casi 200 jugadores, batiendo con holgura un récord que sorprendió hasta al propio Vassallo Argüello. Ya en pleno desarrollo, no pararon de sumarse auspiciantes gracias a la incansable tarea de Camila San Martín al frente del área de comunicación, logrando una importante presencia en las redes, lo que se tradujo en una gran cantidad y calidad de premios para ganadores y finalistas, en un hecho también inédito en este tipo de eventos.


En cuanto a los desempeños de los representantes de Almirante Brown, hubo varias actuaciones destacadas pero merece un párrafo aparte Daniel Sturla, quien salió campeón invicto en la categoría Single +25, campeón invicto en Doble mixto +19 junto a su pareja, Camila San Martín y, por si fuera poco, llegó a la final de Doble Caballeros +25 junto a Diego Jazmín, también del club. A la hora de las menciones Jazmín también reclama lo suyo: llegó a la instancia decisiva en las 4 categorías en que compitió.

La organización no fue sencilla por las complicaciones que genera congeniar días, horarios, obligaciones laborales y disponibilidad de los jugadores pero la subcomisión del sector, con Diego Bustamante y Guillermo Garduño entre muchos más, trabajó a destajo para organizar partidos, diagramar fixtures, preparar las canchas y hacer que “Camino al Nacional” sea un éxito rotundo que combinó competitividad, calidad y calidez.

La experiencia no podía ser más positiva ya que al reconocimiento de la AAT, expresado en las palabras de su Director Ejecutivo, debemos sumar la ratificación del tenis de Almirante Brown como una sede a la altura de un torneo oficial de este calibre y ya se especula con la segunda edición del evento, con la lógica ambición de seguir batiendo récords.
Algunas de las marcas que acompañaron el certamen