jueves, 23 de abril de 2020

¿La cuarentena indefinida es la solución?


Carlos estuvo unos 10 minutos en el almacén, sin barbijo. Compró varias cosas y consultó varias otras. Recorrió el local mirando, tocando y preguntando hasta que finalmente dejó sobre el mostrador los 1.000 pesos para que el comerciante le cobre. Claro, dejó también miles de micropartículas de saliva por todos lados como para propiciar el contagio de quienes compren en ese negocio, detrás suyo. Cuando le dije que hay que usar barbijo me miró con desdén, con soberbia y hasta con desprecio haciendo, por supuesto, caso omiso de mi recordatorio. El dueño del comercio pretendió atenderme rápido porque se le estaba juntando gente, sin limpiar los lugares por donde había estado escupiendo el comprador y solo lo hizo a desgano ante mi exigencia y la complicidad silenciosa de los clientes que estaban detrás mío.

La cuarentena podría durar un año más que, con conductas así, el coronavirus igual se hace una fiesta. Y en nuestro país, con gente tan “viva” y con tanto desprecio por las normas y por el respeto hacia el otro, esta escena puede ocurrir tranquilamente a la vuelta de tu esquina. Y esto lleva a pensar que quizás el aislamiento obligatorio ya cumplió su ciclo y se impone ahora la conciencia ciudadana: si no te cuidás y cuidás al otro, el riesgo se potencia y estaremos todos en peligro. Estará en las decisiones de las autoridades -tan pertinentes y oportunas hasta el momento- arbitrar los medios para que la salida del encierro sea prolija y no se desmadre pero lo cierto es que seguir presos en nuestros hogares pierde cada vez más el sentido si no tomamos conciencia de lo delicado de esta situación. De este modo, retardar la liberación -que tendrá que suceder tarde o temprano- solo retarda la hecatombe social, económica y sanitaria y lo preocupante y peligroso es que Argentina no tiene los recursos para afrontar ninguno de los 3 frentes en caso de desborde. 

El aislamiento social, preventivo y obligatorio tuvo un resultado excelente porque la cantidad de infectados y víctimas fatales es menor incluso a las previsiones más optimistas y eso permitió fortalecer la estructura sanitaria a la espera del famoso pico esperado para mayo, que ahora se desplazó hacia junio. Y como bien explicó el Presidente Alberto Fernández, las vidas que se salvaron con eso bien vale afrontar cualquier freno en la economía, sensiblemente afectada por el parate de casi 40 días. El problema es que la cuarentena no se puede extender en el tiempo por varias razones: en primer lugar, la ciudadanía está cada día menos dispuesta a acatarla, con lo cual su rompimiento y los descuidos proliferan y se multiplican; en segundo término, porque las necesidades de los millones de trabajadores informales exigen salir a buscar el mango (a pesar de la constante presencia del Estado asistiendo a cada persona/grupo/sector que lo necesite) y por último, porque las arcas estatales están cada vez más flacas y esa delgadez se profundiza conforme se extienda el parate. Ante este panorama, la finalización del encierro se impone tanto como las normativas necesarias para evitar contagios masivos y para esto no alcanza solo con decisiones gubernamentales acertadas sino que es preciso también, indefectiblemente, el compromiso y la responsabilidad individual de todos y todas.

Para más adelante quedará la discusión de cuánto de conveniente fue cerrar la economía y hasta cuando fue prudente hacerlo. EE UU, por citar el ejemplo más opuesto a las medidas tomadas en nuestro país, es quizás la muestra más acabada de que subestimar la pandemia solo acarrea miles de muertos y eso no hay superávit que lo compense. Habiendo hecho todo mal, priorizando la economía y tratando de “resfrío” al virus, ya se acercan a los 50 mil fallecidos, con alrededor de 800 mil infectados. Y con estos números, no podemos dejar de lado el festín que se hacen los medios de comunicación poniendo títulos en rojo con cifras que hacen temblar y venden miedo las 24 horas, alarmándose y poniendo el grito en el cielo por el dolor que generan los 3539 fallecimientos registrados ayer en el mundo por el Covid-19 pero sin mencionar siquiera las 17.500 muertes diarias (5 veces más) por desnutrición, decesos más fácilmente evitables que los de la pandemia pero que parece que no son tan preocupantes o no venden tanto. A pesar de esta salvedad, hay que decir que es cierto que los números del país del norte son desastrosos pero también que son cifras muy similares (aunque lamentablemente las va a superar con creces) a las que le cobró la gripe en 2017, solo por citar un ejemplo. Y que la tasa de mortalidad es muy similar aunque la Organización mundial de la salud (OMS) se haya encargado en las últimas semanas de difundir que es 10 veces más letal a pesar de que matemáticamente sea difícil de entender y no den las cuentas.

Y a este desalentador panorama debemos agregarle los males generados por lo inusual y desorientador de una situación inédita e impensada en nuestras vidas. Una pandemia azota, con un enemigo desconocido y hasta ahora invencible y el miedo y la incertidumbre, en mayor o menor medida, se apoderan de nosotros. La angustia de sentirse acorralados, el temor por los seres queridos, la impotencia por quienes no comprenden la magnitud del problema, la falta de recursos, la soledad, la tristeza, la ruptura de las rutinas organizadoras de nuestra cotidianeidad y la desazón que provoca no saber cuándo vas a poder dar ese abrazo que tanta falta te hace son un combo letal.

Claramente el encierro ya no es el camino aunque tampoco se puede volver a la vida normal porque eso garantizaría el desastre que todos tememos. Y en esta ecuación pagan justos por pecadores porque mientras quienes se cuidan, toman los recaudos necesarios y evitan salir privándose incluso de visitar a sus afectos más sensibles, andan por tu barrio muchos Carlos y Carlas haciendo que a pesar de todo vos, que hacés las cosas bien, te puedas contagiar en el almacén, en la ferretería, en el cajero o en cualquiera de esos lugares de los que ninguno podemos escapar.

Es momento de pensar en el otro porque eso es pensar en uno mismo. Esta frase tan hipócritamente declamada por tanta gente hoy exige imperiosamente su puesta en práctica pero de verdad: auténtica, genuina, empáticamente. Casi como debieran ser todos los actos en nuestra vida.

domingo, 22 de marzo de 2020

Cuarentena: aprendemos a vivir o nos resignamos a morir


Recién van 48 horas del aislamiento social, preventivo y obligatorio y ya hay más de 3200 detenidos por infringir la oportuna, previsora e imprescindible norma establecida por el Presidente Alberto Fernández a través de un DNU. Para tomar dimensión de la gravedad de este hecho es necesario considerar que los aprehendidos son apenas un pequeño porcentaje de las personas que, pudiendo no salir de sus casas, se dedicaron a dar una vuelta por ahí, a hacer footing o ciclismo, a “hacer esquina”, a irse de picnic o a “ejercer su derecho” de andar libremente. Y esto sucede porque no alcanzan las fuerzas de seguridad para controlar cada rincón del país y a cada inconsciente que se desinterese del bien común.
Si no circulamos, no circula el virus
Claramente la clave está en que entiendan la situación y quizás su propio desprecio por su vida y por la de los demás pueda servir de ejemplo para tomar conciencia: si no fueron detenidos a pesar de cagarse en las normas y en el prójimo fue porque las fuerzas de seguridad no dan abasto para controlar y apresar a tanto idiota. Usted me dirá ¿y? Bueno... si hay muchos infractores no hay policía que alcance y así los egoístas irresponsables pueden seguir rompiendo las reglas durante algunos días más sin ser alcanzados por los efectivos del Estado dispuestos para tal fin. Y lo grave, preocupante e irreversible es que si lo que se multiplica como los infractores son los infectados, tampoco van a dar abasto las instituciones y el personal de salud para atender a tanto enfermo y la consecuencia de esto va a ser muy distinta a la de seguir paveando en la calle: la gente que necesita atención médica y no la recibe, se muere. Y cuando los infectados se multiplican tan rápido (como está sucediendo en cada lugar del mundo en que se subestimó la situación del mismo modo que hace cada uno/a de los que no respetan la cuarentena) no hay manera de que haya disponibles ni médicos, ni enfermeros, ni camas, ni medicamentos, ni respiradores ni espacio físico donde atenderlos.
Una vez más queda en evidencia que la única manera de vivir en sociedad y no morir en el intento (nunca tan literal) es respetar las normas. Las pautas de convivencia se establecen buscando el bien común y aunque muchos/as sientan que no están alcanzados por esa premisa, es buen momento para llamarse a la reflexión y entender que situaciones excepcionales exigen comportamientos excepcionales. Si la pandemia requiere aislarse socialmente como única medida eficaz para detenerla y que todo esto no devenga en un caos inmanejable, no queda otra que colaborar y entender que si los expertos están desesperados y piden a gritos al planeta entero que se aísle, es porque quizás el panorama es más oscuro y pesimista de lo que podemos ver los ciudadanos comunes.
El virus ya circula mucho más en Argentina, se está extendiendo por todo el territorio y está a la vuelta de la esquina. De este modo, es cada vez más probable que nos topemos con él en alguna persona, en algún objeto, en el suelo que pisamos, en la estantería del supermercado o en el paquete de galletitas al que alguna gotita de saliva de algún infectado pudo caerle encima, solo por citar algunos ejemplos. Es imprescindible entender esto y tomar los recaudos necesarios aunque nos parezcan exagerados: al fin al cabo es mejor quedar como exagerado que como estúpido. Y de la exageración se puede volver pero de una inconsciencia irresponsable que genere un caos sin precedentes en la historia de la humanidad, no.
En este punto es importante destacar que mirar al mundo puede darnos una mano y en ese sentido contamos con ventaja porque el virus nos llegó mucho después. España e Italia, por ejemplo (sobre todo éste último) hicieron todo mal y tarde y en 20 días sus calles vacías se convirtieron en una escena de película de terror postcatástrofe, con 72.000 infectados y más de 6.500 muertos amontonados en morgues improvisadas. Mientras tanto China, primer afectado a nivel mundial, ya empezó a controlar la pandemia y hoy tuvo su primer infectado tras 4 días sin nuevos enfermos locales. Claro, nosotros tenemos más influencia española e italiana en la sangre y, por lo tanto, tenemos menos apego a las normas, casi ninguno, diría. No tenemos la disciplina ni la conciencia social de los orientales pero esta es nuestra oportunidad de revisar esas conductas que en general nos ofrecen más tropiezos que avances.
Estamos en un momento bisagra de nuestra historia, de reposicionamientos políticos, económicos, sociales y culturales. Si usted piensa que esto es ridículo, exagerado o anticientífico, es respetable pero... ¡cuídese y aíslese igual, por las dudas! Si no lo hace por usted hágalo por sus seres queridos y por quienes lo rodean, que seguro debe haber gente que vale la pena.

domingo, 1 de marzo de 2020

Estado de bienestar milenials


La calamitosa situación económica y social que dejó el gobierno de Cambiemos obliga a rediscutir prioridades políticas haciendo que ordenamiento, déficit, refinanciamiento, comercio exterior y otros temas caigan en saco roto cuando la pobreza y las necesidades extremas asfixian al 40% de la gente y reinstalan la urgencia de transferir recursos y posibilidades hacia los sectores más postergados que quedaron en situación terminal.
En este contexto se puso de moda nuevamente el término "populista" que, a su vez, se convirtió en el insulto preferido de quienes defienden las políticas regresivas aplicadas por el neoliberalismo macrista. En tiempos de 3.0, redes e internet no podemos menos que indagar allí acerca del significado del concepto encontrando que “populismo se suele usar de forma retórica en sentido peyorativo con la finalidad de denigrar a los adversarios políticos”. Al mismo tiempo, desde otro lugar de la web se sentencia: (los populistas son) “movimientos que … se muestran, ya sea en la práctica o en los discursos, combativos frente a a las clases dominantes. Apelan al pueblo para construir poder entendiendo al pueblo como clases sin privilegios, lo que hace que los líderes populistas se presenten como redentores de los humildes. Por si hiciera falta redondear la idea recurrimos al “gran diario argentino” que, a través de Ugo Pipitone “explica” en una nota veraniega que “en el mundo brotan varios hongos populistas” y luego de definirlos como demagogos y aduladores del pueblo, sostiene que “en este contexto... es comprensible que grandes sectores de la población... entreguen sus expectativas a demagogos que canalizan las frustraciones colectivas”.

¿Hacemos un repaso? Los populistas son hongos. Se trata de demagogos y aduladores que canalizan (léase “se aprovechan de”) las frustraciones y se muestran combativos (¿se muestran pero en realidad no lo son?). Por si con todo esto no alcanzara, su sola mención denigra a quien se “acusa” de serlo. Está claro que la intencional connotación negativa pretende enterrar el concepto sin atender las razones ni los responsables de que este tipo de políticas se torne imprescindible. Y más allá de que la tribuna oligarca pretenda tildar de mero asistencialismo cualquier iniciativa en este sentido, es insoslayable que la trasferencia de recursos hacia los sectores más vulnerados de la sociedad es tan necesaria como urgente. Ya lo dice Zigmunt Bauman desde su icónico “Daños colaterales, desigualdades sociales en la era global”: “un Estado político que rehúsa ser un Estado social puede ofrecer poco y nada para rescatar a los individuos de la indolencia o la impotencia. (...) Si los derechos políticos son necesarios para establecer los derechos sociales, los derechos sociales son indispensables para que los derechos políticos sean reales y se mantengan vigentes". Ernesto Laclau, por su parte, refuerza la naturalización del desprecio por el concepto a través de “La razón populista”: “para progresar en la comprensión del populismo es una condición 'sine qua non' rescatarlo de su condición marginal en el discurso de las ciencias sociales (…) el populismo no solo ha sido degradado, también ha sido denigrado. Su rechazo ha formado parte de una construcción discursiva de cierta normalidad”.
Desatendiendo la idea que nos quieren vender los sectores dominantes, es evidente que el Estado social no solo no es malo sino que es imprescindible a la hora de convertirse en el único garante para achicar las desigualdades y tornar más justo el reparto de recursos. Asimismo, no es menos cierto que se impone una nueva forma de contención social “siglo XXI”. Este marco es el que exige una etapa de transición en la que la trasferencia de recursos vaya dando lugar a proyectos populares de producción, de manera de desterrar la asistencia emparentada con el clientelismo y dar paso a programas que permitan impulsar proyectos que desemboquen en la creación genuina de puestos de trabajo que contemplen a aquellos/as que fueron excluidos de todos los derechos y despojados de su dignidad.
Más allá de discusiones estériles sobre conceptos y significados, en tiempos de revolución tecnológica se impone también una resignificación del Estado social. Para ello es imprescindible la implementación de programas que atiendan específicamente las necesidades de cada sector y eso es posible únicamente a través del trabajo mancomunado de todos los niveles gubernamentales: Nación, Provincia y Municipios deben articular un proyecto que contemple los recursos, las posibilidades, las limitaciones y las potencialidades de cada territorio. Y si bien el abanico debe contemplar a todos y todas, es necesario apuntar esencialmente a los/as jóvenes y adolescentes de los sectores más golpeados, que en gran número se vieron obligados a dejar sus estudios para ser explotados en el mercado informal de trabajo como única manera de paliar las necesidades extremas que se padecían en casa. Solo garantizando la educación, la salud, el pan de cada día y el derecho a un trabajo genuino que escape a la repugnante uberización del sistema laboral se pueden igualar las posibilidades de los sectores eternamente postergados y, para eso, es imprescindible la existencia de un Estado social garantista, un Estado de bienestar 3.0.

lunes, 27 de enero de 2020

Camino al nacional: la dupla campeona confirmó su presencia

Los flamantes ganadores de la última edición en la categoría +45 finalmente serán de la partida despejando una incógnita que tuvo en vilo a la organización del evento. La duda estaba centrada en una lesión crónica conocida en el ambiente como "codo de no-tenista", que afecta a Adrián Pilipchuk desde hace tiempo.  El anuncio se hizo ayer en la rueda de mates del sector de tenis ante la insistencia de Camila San Martín, principal impulsora y organizadora del torneo.
De esta manera el certamen se asegura uno de sus mayores atractivos ya que, al lucido y eficaz juego de la pareja, se suma la sed de venganza de sus derrotados el año pasado. La noticia tranquilizó tanto a Almirante Brown -club organizador- como a la cúpula de la AAT que, como promotora y auspiciante del evento,  emitió un comunicado a través de su presidente Martín Vasallo Argüello festejando la confirmación.
Cabe recordar que la edición 2019 fue un éxito absoluto con casi 200 inscriptos y una lista de patrocinadores y premios para ganadores y participantes inédita en un torneo amateur en nuestro país. Es por ello que se espera superar aquellas estadísticas y, teniendo en cuenta la avalancha de inscriptos y pautas publicitarias que se suman, todo indica que así sucederá, a partir del próximo 14 de febrero en las instalaciones del aurinegro. No obstante, Camila San Martín exigió a los campeones que desde sus redes sociales anuncien a sus miles de seguidores su decisión de presentarse.
Al respecto, Adrián Pilipchuk declaró "estoy bastante recuperado y no quería exponer a Gustavo a quedarse sin pareja en medio del torneo, por eso dudé hasta el final". Rodríguez, por su parte, confirmó su alegría por esta situación y justificó: "si bien tenía otras ofertas interesantes, no quería dar el sí porque después de jugar con Messi no podés imagínarte jugando con otro compañero",
La aclaración oficial de la dolencia que afectaba a Pilipchuk echa por tierra los rumores que indicaban que la dupla atravesaba una crisis generada por la vida lujuriosa de uno de sus integrantes, situación de la cual hasta el momento no se tienen datos concretos.

viernes, 17 de enero de 2020

Periodismo partidario: un bien necesario

Mucho se escucha, se lee y se dice sobre el desprecio, la bronca, el enojo y la descalificación que genera el/la periodista que manifiesta su postura y/o ideología y construye su discurso a partir de esas premisas. Entonces todo lo que dice pasa a estar impregnado de "tendenciosa subjetividad" y automáticamente adquiere el mote de “vendido/a”, “macrista”, “peronista”, “bostero”, “gallina”, solo por citar algunos ejemplos icónicos. Con este criterio, esas voces, esos escritos, esas personas, dejan de tener “autoridad moral” para hablar porque juegan para tal o cual y todo lo que digan es puesto en duda o directamente pasa a ser mentira a menos que quien lee o escucha piense lo mismo o esté marcado por la misma ideología.
Foto: pirámide invertida.com.ar
Entonces... ¿molesta que alguien manifieste postura o lo que enoja es que esa no sea “mi” postura? ¿Qué mejor que quien hable o escribe me diga de antemano para quien juega o cuales son sus ideales para que uno pueda atribuirle con más justeza a ese discurso el lugar que le corresponde? ¿Es acaso más creíble quien se autoproclama “objetivo” y dice no jugar para nadie y desde ese lugar nos cuenta su visión de la realidad pero sin decirnos que es justamente eso: su visión y no la realidad misma? Estas polémicas se desatan cada vez con más frecuencia en tiempos de posverdad porque constantemente necesitamos hacernos eco de las voces que reproducen nuestro sentido, nuestra manera de ver el mundo. 
El filósofo argentino Darío Sztajnszrajber definió a la posverdad como “leer de la realidad solo lo que le cuaja y  le cierra a lo que previamente uno cree”. Y va más allá todavía al afirmar que “hay como una conciencia de que uno ejerce esa operación pero no le importa”. Mientras tanto, la RAE describe posverdad como “la distorsión deliberada de una realidad que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. Lo que olvida esla Real Academia es aclarar que, sin distinción de edades, ideologías, formaciones, profesiones y roles  todos y todas recortamos siempre la realidad a nuestro antojo y reproducimos ese recorte como si fuera la totalidad. Sin embargo, le exigimos al otro/a -más si es periodista pero mucho más aún si quien toma la palabra está impregado/a de una selección de realidad diferente a la nuestra- que no lo haga y nos cuente “las cosas como son”.
José Luis Dader, doctor en ciencias de la información y Catedrático del área de periodismo en Madrid sostiene que esta profesión es “una ciencia que combina la recopilación, verificación, síntesis y clarificación de la información acreditada como relevante y cierta para servir desinteresadamente a los ciudadanos en su necesidad de seguimiento preciso de los asuntos de interés público”. Así las cosas,  no se puede dejar de lado que lo resaltado en negrita debe ser realizado (sí o sí) por una persona y que ese sujeto, ineludiblemente, pondrá su ojo a la hora de recoger, clasificar y transmitir esa información que él mismo ha considerado relevante. De esta manera se pone de manifiesto que la subjetividad es ineherente a cada relato con lo cual la objetividad no deja de ser una utopía romántica y, al mismo tiempo, se ratifica que el periodismo debe servir desinteresadamente. 
En este contexto, ¿no es más saludable que quien comunica nos cuente a partir de qué mirada va a recortar la realidad y contárnosla? ¿No es más sano que nosotros mismos tengamos la capacidad de escuchar a otro que piense distinto y no por eso desacreditarlo automáticamente? Es necesario entender que no se puede juzgar la mirada del otro y mucho menos condenarla ya que estamos en una etapa que quizás modifique para siempre el rol de los medios de comunicación. Su función ya no es contar aquello que el ojo humano no alcanza a ver sino consolidar las ideas que los sectores hegemónicos quieren imponer como verdad absoluta. Y aquí es donde hay que estar muy alertas y diferenciar si el relato del/la periodista responde a convicciones genuinas o a intereses creados. Al primero hay que respetarlo aún en desacuerdo pero al segundo hay que denostarlo y  exponerlo de la manera más descarnada ya que solo es el sirviente de los sectores poderosos cuyo fin es vendernos realidades solo existentes en los discursos y en las redes sociales pero que difícilmente puedan anclarse en hechos concretos, palpables, empíricos y que solo persiguen estafarnos moral y económicamente. Ellos mienten adrede y su único fin es enriquecerse a costa de la manipulación de la información, por eso es imperioso que sepamos distinguirlo: el periodismo partidario, en tanto genuino, aporta transparencia a la comunicación, lo otro... lo otro es la práctica macabra y profesional de la mentira.

jueves, 31 de octubre de 2019

Boca debe "recuperar su vida", no Alfaro


El conjunto de la Ribera hace años que ha perdido identidad y en 10 meses de trabajo el técnico profundizó ese declive ya que solo le ha aportado confusión, dudas, temores e improvisación. Todavía no se sabe a qué juega Boca y la mayoría de sus jugadores han tenido un desempeño muy por debajo de lo que deben dar. Es sabido que sacar lo mejor de cada uno es tarea del técnico y aquí también ha fallado “Lechuga” y no es casualidad: no teniendo clara la partitura es muy difícil elegir a los intérpretes, y luego éstos, confundidos, deberán descifrar esas notas como puedan. Y sale lo que sale: el equipo no sabe donde está parado. No tiene convicción, no sabe qué busca dentro de la cancha (y por ende, no sabe cómo hacerlo), es un conjunto de voluntades tirando centros y jugando la pelota “segura”, para atrás y siempre obligando al compañero a esperarla, nunca con ventaja. No hay sorpresa ni cambio de ritmo, no se gana en el mano a mano (porque ni siquiera se animan a proponerlo) y no hay juego asociado ni parejas futbolísticas. Para redondear un presente desalentador, la seguridad defensiva que había logrado se evaporó tras el gol de Newells que acabó con el récord de Andrada y desde entonces cada vez que lo atacaron, lo lastimaron.
A este panorama tan oscuro como predecible hay que agregar que los rivales siempre lo sorprenden al xeneixe, el equipo nunca puede contrarrestar las mejores armas de su contricante y como contrapartida, éstos siempre anulan lo que fuera que vaya a intentar Boca en los pocos momentos en que intenta algo.
Por si todo esto fuera poco, hace años que no tiene -y esto no es solo desmérito de Alfaro sino también de sus antecesores- una de las principales características xeneixes: revelarse a la adversidad, creer que se puede ganar y de esa manera, convencer al rival de que le van a ganar. De hecho, sucede todo lo contrario: todos sienten que pueden ganarle a Boca y el fútbol se maneja también por sensaciones, por momentos, por confianza y cuando eso aparece todo se potencia y cuando no pasa todo se desmorona.
El último equipo que tuvo una identidad definida y se sabía a qué jugaba fue el Boca de Falcioni. Será discutible si era más o menos vistoso pero es innegable que ese ciclo tenía una marca propia bastante emparentada con la histórica mística xeneixe y no de casualidad fue la última vez que estuvimos verdaderamente cerca de ganar una final de Libertadores. Podrán decir que en términos de números fue similar al ciclo de Guillermo pero en cuanto a representatividad fue muchísimo más. Por lo que proponía y por lo que transmitía dentro de la cancha no solo hacia adentro sino también hacia los rivales: hoy a Boca se le ha perdido el respeto. Y si a eso le sumamos fallos arbitrales puntuales y determinantemente perjudiciales, falta de convicción dirigencial, técnica y futbolística, el combo no puede desembocar en otra cosa que en el presente triste, deslucido, desabrido y desorientado del equipo de Alfaro.
En fútbol se puede ganar y perder y eso está claro, la cuestión es el cómo. El subcampeonato del mundo conseguido por el Seleccionado en 1990 vale lo mismo que el de 2014 pero mientras en Italia no solo merecimos perder sino que además ni siquiera pateamos al arco, en Brasil no solo debimos ganar sino que el haber perdido fue un hecho fortuito típico del fútbol que nos permitió volver a casa con la frente alta. Boca mereció haber perdido todo lo que perdió en los últimos años y nunca tuvo la rebeldía necesaria para imponerse cuando las circunstancias fueron adversas.
Es hora de empezar de nuevo pero de verdad, cambiando el chip desde arriba hacia abajo. “Quiero irme a casa y recuperar mi vida” fue la desafortunada frase de Alfaro tras la repetida y dolorosa derrota con River. Es la institución la que debe recuperar su vida, esto no es Boca. Y lo saben los jugadores, los hinchas, los rivales y el mundo futbolístico todo. Para cambiar esa realidad es imprescindible primero, aceptarla (aunque Angelici y sus colaboradores no se hayan enterado). Luego de eso recién será posible. ¿Difícil? ¡Sin dudas! Y tan complejo como impostergable.

lunes, 21 de octubre de 2019

Debate 2019: Con la panza vacía el único proyecto interesante es comer

4 de cada 10 argentinos “festejará” fin de año sumergido en la pobreza y 1 de cada 10 llegará sin tener qué comer y mucho menos por qué brindar -directamente hundido en la indigencia- graficando una realidad que más allá de los números es el fiel reflejo de lo que dejará el gobierno de Mauricio Macri, quien anoche se dedicó a chicanearse con sus oponentes por televisión y habló sobre los temas “que preocupan a los argentinos” olvidando un detalle: cuando hay hambre ningún debate importa ya que nada preocupa (y ocupa) más que llevar comida a casa.

Las temáticas fueron variadas y “muy interesantes” y el formato fue monótono, aburrido y aportó muy poco acerca de las cuestiones que realmente interesan. El hambre, concretamente, fue abordado por Fernández y nadie se trenzó en esa discusión “estéril” que terminó ocupando escasos minutos en la sumatoria de los domingos en que los candidatos “discutirían” sus propuestas en vivo.
Tras una semana convulsionada mediáticamente por las declaraciones (siempre desafortunadas) del presidente sobre el vídeo viralizado de un humorista explicando las razones por las que iba a volver a votar a Cambiemos, se recrudeció la polémica. Resurgieron los insultos, la discusión de proyectos y la descalificación de las opiniones contrarias olvidando que al 35,4% de pobres le importa muy poco todas esas estupideces: necesita imperiosamente asegurarle el alimento a sus hijos. Claudio Rico, de él se trata, había utilizado la metáfora de la administración casera a cargo de mamá o de papá, ejemplificando con Cristina y con Macri y explicando que debido al despilfarro de ella ahora él debe ajustar gastos. Y de ese modo tienen que dejar de comer afuera, no ir más al teatro, abandonar actividades extracurriculares de sus hijos, recortar el shopping, etc, etc. Su opinión es válida, puede sonar coherente y no tiene por qué no ser honesta pero olvidó un detalle: él y sus hijos tienen la panza llena. Y entonces pueden intentar reorganizar gastos, redireccionar erogaciones y proyectar a mediano y/o largo plazo. El problema es que el hambre es urgente, no admite espera, exige resolución inmediata y sume en la desesperación a quienes no pueden “parar la olla”.
Es probable que se pueda administrar mejor y es probable que no se pueda vivir a tarjeta pagando el mínimo, el asunto explota cuando lo que se “tarjetea” son necesidades básicas: comida, ropa, higiene, salud, escolaridad. Y recrudece cuando no se prende la estufa porque no se puede pagar la boleta de gas o de luz en un invierno tan crudo como la realidad. Ahí no hay recorte de gastos que valga porque... ¡esos gastos no se pueden recortar! Y si un Gobierno te corta la tarjeta en esas circunstancias sin darte opciones o paliativos y sin regenerar ingresos, directamente te abandona. Y resulta lo que resulta: Argentina terminará 2019 con más de 17 millones de pobres y casi 4 millones de indigentes.
Esto explica por qué el 70% de la población no va a votar por el actual presidente aunque éste se enoje y llame a “votar con la cabeza”. Macri se olvida que el cerebro -por suerte- también responde a emociones. Y la angustia, la desazón, la desesperanza, el desánimo, la impotencia y la desesperación son sensaciones que tienen un peso específico que el Primer Mandatario desconoce y, por lo tanto, no puede dimensionar.
La economía argentina caerá este año más del 3% y se estima que el año que viene también se contraerá. Los pronósticos más auspiciosos indican que recién en 2021 -si se reencausa el rumbo y el viento sopla a favor- podría empezar a crecer alrededor del 1% anual. Si se tiene en cuenta que, según el Centro de Estudios Distributivos (CEDLAS) de la Universidad de La Plata, para disminuir la pobreza un 10% hay que crecer durante 6 años consecutivos al 3%, el panorama se presenta más que complicado.
En este contexto, no solo en el debate sino también -y sobre todo- en los Medios masivos la mayoría sigue discutiendo sobre proyectos, alianzas, estrategias, acusaciones, pasado y presente pero olvida lo esencial. Y mientras no se entienda que hay cosas que no pueden esperar, no hay chances de mejorar. Para cambiar la realidad primero hay que entenderla y aceptarla, y mientras no se ponga a la pobreza y a la indigencia como trending-topics de los discursos y de los hechos, toda otra discusión resultará inútil e insultante.